La opinión de Robert
Dallas, Texas, 19 de febrero de 2006
Una vez más es tarde de domingo; la limusina se detiene frente a la entrada para
participantes en la exposición de bienes raíces organizada por The Learning Annex.
Una vez más, la emoción aumenta y corre la voz: “Ya llegó Donald”. Y una vez más, la
escolta policiaca entra primero para abrir el paso, se forman dos hileras y el señor
Trump camina entre las filas de entusiastas admiradores.
Luego de transcurrida una hora, cuando la prensa se ha ido, Donald me pregunta:
—¿Qué tan grande es el público, y cómo es?
—Decenas de miles de asistentes, y son un gran público. Han venido de todas partes
del mundo para estar aquí este fin de semana.
Están muy emocionados y ansiosos por
aprender.
Yo también estaba emocionado, pero por otras razones.
***
Luego de nuestra última reunión, yo había leído el libro de Donald The America We
Deserve. En él aborda muchos de los problemas que enfrentan el país y el mundo,
como el terrorismo, la deuda pública y los servicios de salud. Los siguientes fragmentos
provienen del capítulo dedicado a este último tema:
La Oficina General de la Contaduría del gobierno de Estados Unidos (GAO, por sus siglas en inglés),
una dependencia investigadora y neutral del Congreso, describe un panorama poco halagüeño:
A diferencia de Seguridad Social, el programa HI de Medicare sufre un déficit en el flujo de efectivo
desde 1992.
Los impuestos sobre la renta han resultado insuficientes para cubrir los subsidios y los
gastos del programa. […] En resumen, Medicare ha llegado al punto en que recurre a las reservas
públicas, un umbral que no se espera que Seguridad Social atraviese hasta 2013.
El programa actual de Medicare es insostenible en lo económico y en lo fiscal. Esto no es ninguna
novedad: los miembros de su consejo de administración señalaron a principios de los noventa que el
programa es insostenible en su forma actual.
En cuanto a las medidas de los políticos frente a este problema monstruoso, escribe:
Clinton se plantó frente al toro pero no se atrevió a tomarlo por los cuernos. Eludió las decisiones
difíciles que deberán tomarse más adelante, cuando, como señala la GAO, serán mucho más
dolorosas.
Pero aceptémoslo: Clinton no es el único político que elude asuntos difíciles. Hace falta una nueva
clase de políticos que impulsen reformas significativas. Se requieren personas arriesgadas, con
nervios de acero y visión.
A propósito de los servicios de salud para el largo plazo, afirma:
Hay otro aspecto del tema de los seguros médicos del que prácticamente no se habla: el que se
refiere a la atención para el largo plazo. Con la generación baby-boom a punto de jubilarse y sus
padres ya jubilados, es un problema grave.
Unas cuantas cifras nos darán una idea: el número de personas mayores se duplicará hasta
alcanzar los 75 millones hacia 2030, y el número de ancianos en asilos se aumentará cinco veces.
Ya sé lo que dirán: “¿No se hace cargo Medicaid de los asilos?” Es una pregunta que plantean
frecuentemente los baby boomers, quienes creen que sus padres están cubiertos y que ellos
mismos lo estarán cuando contraten asistencia para el largo plazo.
He aquí la respuesta: Medicaid nunca se pensó como un proveedor de servicios de salud a largo
plazo. Como han señalado el senador John Breaux y el diputado William Thomas: “La creciente
demanda de servicios de salud para el largo plazo está llevando a Medicaid a la bancarrota”.
Prácticamente uno de cada dos estadounidenses necesitará algún tipo de asistencia a largo plazo,
pero sólo uno de cuatro podrá pagar asilos privados, cuyo costo (en 1999) es en promedio de 41 mil
dólares anuales. Sólo uno por ciento de los estadounidenses han comprado seguros de asistencia
para el largo plazo, por lo que la mayoría confía en Medicaid. De continuar la situación actual, se
llevarán un gran chasco.
Después de una pequeña contribución inicial, Medicaid desaparecerá del mapa y los recursos del
paciente se agotarán hasta dejarlo en la pobreza. Si los pacientes son tus padres, todo aquello por
lo que han trabajado a lo largo de su vida desaparecerá.
Ello puede significar que alguno quede
desprotegido, o puede representar una carga financiera aplastante para las familias. El boomer que
planeaba navegar por todo el mundo en su bote puede terminar vendiendo su auto para mantener a
mamá o papá en un asilo decoroso.
Como ya mencioné, luego de mi primer encuentro con Donald supe por qué estábamos
juntos para escribir este libro. Pero cuando leí The America We Deserve descubrí
cuáles son nuestras preocupaciones comunes, comprendí por qué somos maestros y
por qué deseamos que las personas sean ricas.
—¿72 billones en deuda fuera del balance? —preguntó Donald—. ¿Según quién?
—Según dos economistas —respondí—. En 1994, Kent Smetters y Jagadeesh Gokhale
computaron laboriosamente la deuda que tenía nuestro gobierno con su pueblo ese
año.
—Eso es mucho dinero.
—Es más que todo el dinero de todos los mercados de bonos y bursátiles del mundo.
Creo que en 2000, el valor de todo el capital accionario de los mercados bursátiles del
mundo era de 36 billones, y el valor de todos los bonos en el mercado de bonos del
mundo era de 31 billones. Debemos a nuestro pueblo más que todo el dinero de los
mercados de bonos y bursátiles juntos.
—Sabía que estábamos mal, pero no creí que tanto. No podemos pagarlo.
—Sólo si imprimimos más dinero, lo que acabaría con los ahorros de todos. Una
posibilidad es la hiperinflación, pero eso en realidad no resolvería el problema; no sólo
desaparecerían los ahorros sino que las personas con ingreso fijo también serían
aniquiladas.
—Y éste no es sólo un problema de Estados Unidos —dijo Donald—. Si bien hablamos
sobre personas y finanzas estadounidenses, este problema se siente en todo el mundo.
Las personas viven más y los países, desde Europa hasta Asia, están preocupados por
cómo proveerán servicios de salud y asistencia social a su pueblo.
De vuelta en la historia
En los años treinta del siglo XX, el gobierno alemán imprimió tanto dinero que éste casi
pierde su valor. Hay una historia sobre una mujer con una carretilla llena de billetes que
fue a comprar pan. Cuando salió de la panadería para tomar el dinero y pagar al
panadero, descubrió que alguien había robado la carretilla y dejado el dinero.
La hiperinflación devalúa el dinero. Aunque el entorno social, político y económico que
permitió la elección de Adolf Hitler como Canciller en 1933 fue complejo, su ascenso al
poder se debió en gran medida a que los ahorros de la clase media habían
desaparecido.
De regreso a Estados Unidos, en la misma década sucedió la Gran Depresión, que
condujo a la elección de Franklin Delano Roosevelt como presidente. Roosevelt
introdujo la seguridad social en 1935, una solución a un problema que todavía está por
resolverse.
En otras palabras, una solución a un problema surgido hace más de 75
años se ha convertido en otro problema de proporciones mayores. Estamos tratando de
mitigar un problema con el dinero del gobierno en vez de solucionarlo. Otras supuestas
soluciones del gobierno fueron los programas Medicare (1955) y Medicaid (1966).
Actualmente, los problemas son mucho más graves porque, de nuevo, no enfrentamos
el problema real con la presteza necesaria.
En 1971, el presidente Nixon nos sustrajo del patrón oro, exactamente como lo hizo el
gobierno alemán; actualmente, el dólar estadounidense está cayendo y los ahorros de
las personas se agotan, dejando muy poco para su jubilación… aparte de seguridad
social y Medicare, que también están en problemas.
La historia se repite, sólo que el
problema es mayor.
Lo que nos preocupa
Donald lo dijo primero: “Temo que hayamos desarrollado como país una mentalidad de
“merecimiento”. Y no me refiero sólo a los pobres; infinidad de personas, desde el
presidente y los senadores, esperan una pensión del gobierno. En verdad me gustaría
que tuviéramos lo suficiente para resolver sus problemas, pero eso llevaría al país a la
bancarrota. Podemos pedir a los ricos que paguen lo de todos pero, ¿resolvería eso el
problema? ¿Y por cuánto tiempo?”
Yo estoy de acuerdo. Donald y yo queremos que las personas abandonen la
mentalidad de merecimiento y sean ricas para que resuelvan el problema… su
problema.
Observa el siguiente diagrama:
La mejor solución al problema de los malos resultados financieros es cambiar nuestros
pensamientos, pensar como ricos y no como pobres o clasemedieros. Eso significa
desechar la mentalidad de merecimiento, ya seas oficial militar, empleado del gobierno,
maestro, asalariado o simplemente pobre. Si no dejamos de esperar que el gobierno se
haga cargo de nosotros, seguiremos obteniendo los mismos resultados: una nación en
bancarrota con habitantes bien educados pero económicamente necesitados.
Albert Einstein definió la locura como: “Hacer lo mismo una y otra vez y esperar
resultados distintos”.
En este caso, considero una locura seguir enviando a nuestros
hijos a la escuela sin enseñarles sobre el dinero.
En el cuadrante del flujo de dinero:
E significa empleado
A significa autoempleado
D significa dueño de negocio
I significa inversionista
Creo que debemos enseñar a más niños a ser dueños de negocios, empresarios que
generen empleos, y a todos los niños a ser inversionistas del cuadrante I. Actualmente,
nuestras escuelas realizan un buen trabajo educando a las personas a ser “E” o “A”,
pero prácticamente la educación no se dedica a formar “D” o “I”.
En vez de terminar con una sólida educación financiera, la mayoría de los jóvenes
dejan la escuela —algunos ya con deudas— preparados sólo para trabajar duro,
ahorrar, liquidar deudas, invertir para el largo plazo y diversificar.
Warren Buffett dice lo siguiente acerca de la diversificación:
La diversificación es una defensa contra la ignorancia. No tiene sentido si sabes lo que haces.
Una de las claves para hacerse rico es saber lo que haces.
Otra vez tras bambalinas
—Quince minutos —dijo Bill Zanker a Donald.
—Muy bien —contestó él—. Estoy listo.
Mientras nos dirigíamos al escenario, Donald dijo:
—Entonces, la razón por la que queremos que sean ricos es que puedan resolver sus
problemas financieros. Hay demasiadas personas convencidas de que la solución es el
mercado de valores, el gobierno o una pensión.
—Es un buen comienzo —dije.
Les diremos por qué ser ricos, no cómo… y por qué seguimos trabajando aunque
tenemos dinero suficiente.
—Queremos que encuentren sus propios porqués en vez de esperar una dádiva del
gobierno.
Así ayudaremos a solucionar el problema. Por supuesto, no podemos ayudar
a todos porque no todos tienen el talento para ser ricos, pero podemos ayudar a
quienes tienen el talento y el deseo de serlo.
—Esta mentalidad de merecimiento es un problema monstruoso —dijo Donald.
—Gigantesco —asentí.
—Más grande incluso que la deuda pública, la caída del dólar, la crisis petrolera y los
programas para el retiro, que son problemas muy graves.
—Lo importante no son los problemas —dije—. Todos tenemos problemas financieros,
incluso tú y yo. Lo importante es cómo los solucionamos.
—Tienes toda la razón —dijo Donald—. Como país, no podremos resolver nuestros
problemas financieros si pensamos con una mentalidad de merecimiento. Éste es el
meollo del problema. Por eso queremos que las personas sean ricas.
Mientras subía las escaleras del escenario para presentar a Donald, dije:
—Nuestros problemas financieros son resultado de nuestra forma de pensar. Debemos
cambiar la manera en que pensamos acerca del dinero.
Diciendo esto, salí al escenario para presentar a Donald Trump a miles de admiradores
y estudiantes.
Queremos que la gente olvide la mentalidad de merecimiento y sea rica. Así podrá
resolver el problema… sus propios problemas.
ROBERT T. KIYOSAKI
La opinión de Donald
Pensamiento de grupo
Como dice Robert: “El país no puede resolver una grave crisis financiera con una forma
de pensar obsoleta”. Estoy totalmente de acuerdo. La mentalidad de merecimiento está
por todas partes; de hecho, es una epidemia en nuestra economía.
Creo que todos hemos oído la expresión “pensamiento de grupo”. Es esa mentalidad
gregaria que parece exhibir lo mejor y lo peor de las personas. Con lo mejor me refiero
a que, de vez en cuando, algún pastor saldrá a la superficie, pero es una situación
improbable.
Lo normal es que los lobos destaquen primero y la manada los siga.
Nuestra intención es disolver la manada antes de que seamos incapaces de ver,
escuchar, pensar y actuar por nosotros mismos. Quienes piensan por sí mismos
difícilmente forman parte de una manada.
Al reflexionar sobre el pensamiento de grupo —que impide a las personas pensar por sí
mismas en lo financiero y provoca que entreguen su dinero a los asesores
financieros—, me viene a la memoria otra historia.
En mi programa radiofónico para Clear Channel decidí hablar sobre “Object Orange”.
Esto no tiene nada que ver con el proyecto “Gates” de Jeanne-Claude y Christo el año
pasado en Central Park; es algo que ocurre en Detroit, Michigan.
Detroit tiene un problema con las casas abandonadas y en ruinas porque ha perdido
cerca de un millón de habitantes en los últimos 50 años.
Un grupo de artistas de la
ciudad se cansó de ver edificios deshabitados y destartalados en su localidad y decidió
hacer algo al respecto.
Para llevar la atención hacia estos edificios abandonados, los artistas los pintaron
furtivamente de color naranja brillante por la noche. Como es difícil pasar por alto un
edificio destartalado color naranja, varias de esas casas han sido demolidas.
Los artistas, que han permanecido en el anonimato porque podrían ser acusados de
violación de domicilio, esperan que otros renegados con brochas se sumen a su
proyecto.
Éste es un maravilloso ejemplo de personas que ponen manos a la obra y logran su
objetivo; que se hacen cargo del problema en vez de esperar que alguien más actúe.
Es poco convencional, pero está funcionando.
Sé que es una expresión de la que se abusa, pero el pensamiento “fuera de serie” está
vivito y coleando, por lo menos en Detroit. Los artistas no son los únicos con derecho a
ejercitar esa parte del cerebro; todos podemos hacerlo. Empecemos a pensar de esa
manera, sin importar dónde vivamos o a qué nos dediquemos.
Lo peor que puede
ocurrirnos, como individuos y como país, es que nos convirtamos en observadores
pasivos, o que nos hundamos lentamente en nuestra zona de comodidad.
Como dije antes, la mejor manera de destacar es arriesgarse. No estamos en posición
—aunque fuéramos la llamada superpotencia— de dormirnos en nuestros laureles. Ésa
es la primera señal de la decadencia. Enfrentaremos muchos cambios y más vale estar
preparados.
No sucumbamos al “gran pensamiento de grupo”, que no es sino la forma
segura de llevar nuestro barco a pique.
Hoy, más que nunca, las personas deben cambiar su manera de pensar sobre sus
finanzas y futuro financiero.
Robert y yo queremos que tu pensamiento se amplíe. Todos podemos beneficiarnos de
la sabiduría de Descartes: “Pienso, luego existo”.
¡Piensa en grande!
Quienes piensan por sí mismos difícilmente forman parte de una manada.
DONALD TRUMP

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