sábado, 2 de mayo de 2015

Invertir para ganar

La opinión de Robert
Donald y yo compartimos las mismas preocupaciones y ambos queremos que seas
rico. Así pues, ¿cuáles son las soluciones?

Un día, durante una breve reunión en su oficina, Donald dijo: “Yo invierto para ganar,
¿tú no?” A partir de esa afirmación quedó clara la diferencia: él y yo invertimos para
ganar, mientras que otras personas invierten para no perder.

Ya hemos hablado sobre el consejo que advierte: “Ahorra, salda tus deudas, invierte
para el largo plazo (en fondos de inversión) y diversifica”. Ese día por la tarde, Donald y yo comentamos que ninguno nos habíamos concentrado en el ahorro. De hecho,ambos tenemos deudas por millones de dólares, pero deuda buena. No diversificamos,al menos no en el sentido en que normalmente se utiliza el término. Y aunque definitivamente invertimos para el largo plazo, no lo hacemos en fondos de inversión, o por lo menos no es nuestro vehículo principal. ¿Por qué? Porque invertimos para ganar.

Donald y yo hablamos también sobre las diferencias entre nuestros respectivos libros y sobre por qué eran más populares que los de otros autores financieros. Una vez más, la diferencia saltó a la vista:
—La mayoría de los autores financieros sugieren a sus lectores gastar lo menos
posible —dije—. Un autor recomienda no gastar en ese capuchino diario e invertir ese dinero en fondos de inversión, para que algún día en el futuro seas rico. Tú y yo no gastamos lo menos posible. Nos gusta ser ricos. Incrementamos nuestras ganancias.

Cuando escribimos o enseñamos, exhortamos a los demás a ser ricos y a disfrutar la
buena vida.
Luego de una pausa, Donald sonrió y dijo:
—Tienes razón. No conozco a nadie que le guste gastar lo menos posible, al menos
entre mis amigos. Mis conocidos quieren disfrutar la vida, como tú y yo. Jugamos para ganar y lo hacemos. Tú ganas y disfrutas la vida. Por eso vendemos más libros y atraemos más público en nuestras conferencias: las personas gustan de los ganadores.
—Casi todos los expertos financieros aconsejan a las personas buscar la seguridad,
gastar lo menos posible. Les dicen que invertir es riesgoso y que deben ahorrar para no perder. Estos expertos no se concentran en ganar, se concentran en no perder 
—agregué.
—Hay una gran diferencia —dijo Donald.

Todo lo que hice fue asentir con la cabeza. Desde hace años, desde que publiqué
Padre rico, padre pobre, muchas personas, entre ellas periodistas, han dicho que mis
propuestas son demasiado riesgosas. No obstante, a mi manera de ver, lo que hace la mayoría de las personas es mucho más riesgoso. En un mundo con cada vez menos seguridad laboral, me parece absurdo aspirar a ella. En un mundo con un mercado bursátil jaloneado por violentos vaivenes —que hacen perder billones de dólares a los inversionistas incautos— me parece absurdo apoyar en él nuestra seguridad financiera.

Y con nuestros sistemas educativos que enseñan a los estudiantes poco o nada sobre el dinero, me parece riesgoso contar simplemente con una buena educación.
Todo esto me hizo reflexionar acerca de mi vida, sobre los momentos cruciales en que decidí que jugaría el juego del dinero para ganar y no para no perder.
—Nosotros no invertimos donde invierte la mayoría —dijo Donald—. Para ti y para mí
ganar dinero es un juego: nos divertimos, disfrutamos el juego. A veces perdemos, pero casi siempre ganamos. Nos divertimos.
—Es divertido —dije—. Me encanta ese juego.
—Pero la mayoría no considera que ganar dinero sea un juego. Creen que es cuestión de vida o muerte, de ganadores o perdedores.
—O cuestión de supervivencia —dije—, como si lucharan por su vida. Por eso les
aterra perder dinero. Por eso invertir les parece riesgoso.
—Y terminan realizando inversiones riesgosas —agregó Donald dando una palmadita sobre su escritorio—. Es una tragedia financiera.
—¿Que pierdan su dinero? —pregunté.
—No, que se pierdan de la diversión. Ganar dinero es divertido. La vida debe ser
divertida, y millones de personas viven temerosas en vez de divertirse. Esa es la
tragedia.
—Por eso buscan la seguridad, realizan inversiones “seguras”, se aferran a la seguridad laboral y gastan lo menos posible —agregué—. Por si esto fuera poco, millones están sumamente endeudados con deuda mala, pues quieren divertirse pero no han aprendido a invertir para ganar. Quieren disfrutar la buena vida pero padecen el exceso de deuda mala.

—Y eso no es divertido —dijo Donald—. A ti y a mí nos encanta jugar. Hemos diseñado juegos didácticos. Los juegos son divertidos. Si te diviertes, aprendes más y deseas ganar aunque a veces pierdas. Nunca he visto un juego que se llame Ahorra o Gasta lo menos posible. ¿Tú sí? Tal vez existan, pero no creo que sean tan populares como los nuestros. Nosotros jugamos agresivamente, jugamos para ganar. Nos divertimos.

Para eso es la vida.
La reunión había terminado, teníamos mucho en qué pensar. Mientras subía al elevador y oprimía el botón del lobby de la Torre Trump, mi mente corría a toda velocidad. ¿Por qué la mayoría de los inversionistas buscan la seguridad o invierten para no perder, y por qué otros invierten para ganar? Cuando las puertas del elevador se abrieron, me surgió una pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre una persona que juega para ganar y un tahúr? ¿Qué hay del riesgo? Cuando llegué a la acera de la Quinta Avenida y llamé a un taxi, comprendí que esas preguntas eran las que debían contestarse en este libro. Comprendí que la razón por la que la mayoría invierte para no perder es que cree que invertir es riesgoso o es un juego de azar. 

Muchos creen también que si no obtienen altos rendimientos deben arriesgar más. Nada podría estar más lejos de la verdad. La regla 90/10 del dinero Sentado en el taxi recordé la regla 90/10 del dinero que mi padre rico me enseñó hace años. Todos hemos oído hablar de la regla 80/20, pero la regla 90/10 se aplica más específicamente al dinero. Enunciada de manera simple, en el juego del dinero, 10 por ciento de los jugadores gana 90 por ciento del dinero. Por ejemplo, en el golf, 10 por ciento de los jugadores profesionales gana 90 por ciento del dinero, y 90 por ciento de los jugadores se reparten el restante 10 por ciento.

A lo largo de mi vida he confiado en la regla 90/10 (aunque no conozco ningún estudio científico que haya intentado probarla). Todos hemos escuchado que 10 por ciento de los estadounidenses son dueños de 90 por ciento de la riqueza. En lo que se refiere a inversionistas en bienes raíces, podemos decir sin temor a equivocarnos que 10 por ciento poseen o controlan 90 por ciento de la riqueza, y la mayor parte de ésta pertenece al uno por ciento dentro de ese 10 por ciento.


Una de las maneras en que la regla 90/10 me ha servido, es al elegir mis proyectos.
Por ejemplo, una de las razones por las cuales no he adoptado el golf como profesión es que simplemente no creo poder formar parte del 10 por ciento superior. No sólo no creo tener el talento, no tengo el deseo de hacerlo. Si me escucharas cantar sabrías por qué no elegí el canto como carrera. Cuando decidí escribir Padre rico, padre pobre y diseñar mi juego de mesa CASHFLOW, no sólo estaba seguro de que ambos tendrían éxito, también deseaba que lo tuvieran, aunque nunca había sido un buen escritor ni había diseñado juegos de mesa. Quería tener éxito, quería enseñar y quería ganar.

Creo que la razón por la que Donald Trump y yo nos unimos es que mi libro Padre rico, padre pobre y mi juego CASHFLOW son ganadores internacionales. No escribimos este libro porque yo sea un ganador internacional en bienes raíces como él, aunque poseo millones de dólares en propiedades y negocios en todo el mundo. En los negocios y en bienes raíces he ganado, soy un ganador, soy un profesional, pero no estoy en ese 10 por ciento superior como él. Como autor sí estoy en el 10 por ciento superior; de hecho, Padre rico, padre pobre es uno de los tres libros con mayor permanencia en la lista de bestsellers de The New York Times. Nada mal para
alguien que reprobó inglés dos veces en secundaria.

Comprendí que la razón por la que la mayoría invierte para no perder es que cree que
invertir es riesgoso o es un juego de azar. Muchos creen también que si no obtienen altos rendimientos deben arriesgar más. Nada podría estar más lejos de la verdad.

ROBERT T. KIYOSAKI
Donald Trump juega para ganar


En Phoenix, Arizona, lugar donde vivo, Donald vino y despertó una controversia. Él y su equipo querían construir un edificio de muchos pisos en Camelback Road, entre las calles 24 y 32. Es uno de los emplazamientos más exclusivos de Phoenix. Los emplazamientos entre las calles 24 y 32 son como Boardwalk y Park Place en el Monopolio. 

Donald quería construir el edificio más alto de Camelback Road, pero había restricciones para la altura de la construcción. El debate se prolongó por años. En la ciudad, la pregunta era: “¿Debe permitírsele a Donald Trump construir el edificio más alto en el mejor emplazamiento?” Mi esposa y yo queríamos que Donald ganara. ¿Por qué? Porque tenemos propiedades residenciales y comerciales en, cerca, o entre las calles 24 y 32. Si Donald Trump  ganaba, nosotros también.

En el otoño de 2005, los habitantes del área votaron y decidieron no permitir al señor
Trump construir el edificio más alto. Después de anunciar el resultado, los residentes
se mostraron dispuestos a permitirle construir un edificio de muchos pisos, pero no tan alto como deseaba. Ante esto, el señor Trump simplemente dijo no. Durante una de nuestras reuniones en Nueva York a propósito del libro, le pregunté sobre la votación de Phoenix. Él pareció no inmutarse, y sólo dijo: “Si no puedo construir el mejor edificio y el más alto, no me interesa construir”. 

Entonces me mostró un edificio espectacular que estaba construyendo en Dubai. Señalando con orgullo aquel diseño futurista, dijo: “¿Para qué molestarme con Phoenix cuando estoy ocupado trabajando en esto?”

Mientras recorría en taxi la Quinta Avenida hacia mi hotel, tuve una idea más clara acerca de este libro. Este libro iba a ser sobre cómo vivir la vida para disfrutarla, sobre cómo jugar el juego de la vida para ganar, no para evitar pérdidas. 

En vez de enseñar a vivir gastando lo menos posible, sin poder disfrutar un capuchino, este libro enseñaría a vivir una vida que rebasara los sueños más descabellados de cada uno.

Cuando el taxi se acercaba a mi hotel, recordé una pregunta que me había formulado
un reportero a principios de año:
—¿Ya definió sus objetivos para este año?
—No —contesté.
—¿Por qué no? Usted habla en sus libros de la importancia de establecer objetivos.
—Sí —contesté—, definir objetivos es importante. El problema es que en esta etapa de mi vida no sé qué más puedo pedir. Tengo dinero más que suficiente y un matrimonio maravilloso, me encanta mi trabajo, tengo salud y soy más exitoso de lo que jamás soñé. Estoy viviendo una vida que rebasa mis sueños más descabellados. He escrito bestsellers, salí en Oprah, estoy escribiendo un libro con Donald Trump y amo a las personas con quienes trabajo. No sé qué más puedo pedir.

—¿Y qué va a hacer al respecto? —preguntó el reportero.
—Supongo que necesito soñar sueños más descabellados.
El taxi se detuvo frente a mi hotel. Mientras pagaba al chofer, supe que este libro trataría sobre cómo vivir una vida que rebase los sueños más descabellados de cada persona… pero sólo será para quienes se atrevan a tener una vida así.

La opinión de Donald
Ganadores

Conozco desde hace mucho tiempo la proporción 90/10, pero Robert nos ofrece un buen recordatorio. Si no ponemos atención, esa proporción podría convertirse pronto en 95/05 o incluso en 99/01, en la que uno por ciento de la población controlaría 99 por ciento de los activos del país. Los ganadores no permitirán que eso ocurra.

Es importante soñar. Robert Browning dijo: “El alcance de un hombre debe superar la extensión de su brazo.” Es lo que nos mantiene en marcha. A mí me gusta decir: “Si tu realidad empieza con tus sueños, tus sueños se convertirán en realidad.” ¿Por qué? Porque pensar de otra manera nos deja en el nivel de la supervivencia, y éste no es el objetivo de la mayoría. ¿Alguna vez has escuchado que algún joven espera convertirse en pordiosero? Normalmente dicen cosas como: “Quiero ser presidente”; “Me gustaría ser astronauta”; “Me gustaría ser bombero” o “Quiero ser doctor”. 

Estas profesiones son difíciles y en ocasiones heroicas, y los jóvenes tienen los sueños y aspiraciones necesarias para alcanzarlos. Los ganadores son siempre jóvenes de corazón: tienen aspiraciones elevadas, entusiasmo y planes. Tal vez sus sueños sean descabellados, pero eso es mejor que no tener sueños. Entonces prestan atención y se concentran en lo que les permitirá hacerlos realidad.

Ser obstinado es una característica importante del ganador. Algunos fracasan porque se rinden demasiado pronto. Si estás leyendo este libro, quizá no estés entre ellas. Mi padre contaba una historia sobre un tipo a quien le gustaban los refrescos y quiso hacer negocio con un producto llamado 3UP, que fracasó. Entonces, intentó con un refresco llamado 4UP, que también fracasó. No se dio por vencido y decidió llamar a su producto 5UP; trabajó mucho para lograr el éxito pero volvió a fracasar. Se dio cuenta de que aún le gustaban los refrescos, así es que volvió a intentarlo con un producto llamado 6UP. Fracasó y se dio por vencido definitivamente.

Años después, otra persona puso en el mercado un refresco llamado 7UP, que tuvo un gran éxito. Cuando yo era joven no entendía por qué mi padre contaba esta historia una y otra vez. Nos la contó muchas veces. Más tarde comprendí su mensaje: nunca se den por vencidos. Pues bien, nunca olvidé esa historia y nunca me he dado por vencido. Su enseñanza cumplió su propósito. Recuerda esta historia si lo necesitas, y la parte ganadora de ti asumirá el control.

La otra característica importante del triunfador es tener una actitud ganadora. Yo aconsejo a las personas que se asuman exitosas; el pensamiento positivo funciona, tiene mucho poder. Ganar requiere esa clase de poder, ya seas sociable o reservado.

El poder es fortaleza, y ser positivo puede ayudarte a superar situaciones difíciles. En cierta ocasión en que estaba sumamente endeudado, me obstiné en no permitir que eso me desanimara. Simplemente me rehusé a tomar una actitud negativa. Me concentré en la solución y me dije que superaría esa situación y, al final, sería más exitoso. Eso es justo lo que ocurrió. En publicaciones importantes se dijo que estaba acabado, y aun entonces me negué a aceptarlo. Mi realidad estaba definida por mis sueños, no por números. Gané.

¿Eres lo bastante obstinado para ser un ganador? ¡Entonces eres capaz de invertir para ganar! No es territorio extranjero y no necesitas visa o pasaporte para unirte a las filas de los inversionistas exitosos. He escuchado a muchas personas decir: “Soy de lo más obstinado”, ¡y luego actúan como si no tuvieran audacia ni el derecho de aprender más sobre cómo invertir! Como señala Robert, se perderán al mismo tiempo la diversión y un mejor futuro financiero, una desgracia innecesaria.

La ignorancia puede resultar más costosa que la educación, y eso incluye a la educación financiera. No permitas que el temor a lo desconocido apague tus
aspiraciones y tu bienestar financiero. Hay personas que desean que te sientas inepto para aprovecharse de ti. Yo lo he visto con deportistas muy exitosos, por ejemplo. No permitas que te suceda. Aprende sobre el dinero y hazlo trabajar para ti. Ésa es la clave de las inversiones exitosas.
Ser obstinado es una característica importante del ganador.
DONALD J. TRUMP


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