sábado, 2 de mayo de 2015

La diferencia entre ahorradores e inversionistas

La opinión de Robert 

Muchas personas invierten en fondos de inversión. Cuando hablo de la inconveniencia de ser ahorradores, algunas me dicen: “Pero yo sí invierto. Tengo un portafolio de fondos de inversión y un plan 401(k). También poseo acciones y bonos, ¿eso no es invertir?” Entonces explico un poco más: “Sí, ahorrar es una forma de invertir. Comprar fondos de inversión, acciones y bonos es hasta cierto punto una inversión, pero se realiza con base en la perspectiva y en los valores de un ahorrador”. 

Examinemos la filosofía del inversionista pasivo. Casi todos los asesores financieros te sugerirán: 
•  Trabajar duro 
•  Ahorrar 
•  Saldar deudas 
•  Invertir para el largo plazo (principalmente en fondos de inversión) 
•  Diversificar 

Dicho en el lenguaje de los asesores financieros, lo anterior puede sonar así: “Trabaja duro. Asegúrate de que la compañía para la que trabajas ofrezca un programa de compensación de aportaciones al plan 401(k). Maximiza tus contribuciones; después de todo, es dinero libre de impuestos. Si tienes una casa, liquida la hipoteca cuanto antes. Si tienes tarjeta de crédito, salda tu deuda. Mantén un portafolio equilibrado de fondos agresivos, fondos de baja capitalización, fondos tecnológicos y un fondo para acciones de no residentes, y cuando seas mayor, cambia a fondos de bonos para que recibas un ingreso regular. Por supuesto, diversifica, diversifica y diversifica. No es buena idea guardar todos tus huevos en una sola canasta”. 

Estoy seguro de que este argumento de venta disfrazado de asesoría financiera te resulta familiar. Donald Trump y yo no decimos que todas las personas deban cambiar y dejar de hacer todo esto. Es un buen consejo para algunos, para quienes tienen la filosofía del ahorrador o son inversionistas pasivos. En la situación actual, creo que es el consejo financiero más riesgoso que puede darse. No obstante, a un ingenuo pueden parecerle recomendaciones seguras e inteligentes. 

Volviendo a la diferencia entre ahorradores e inversionistas, hay un concepto que los distingue: el apalancamiento. Podemos definir apalancamiento como la capacidad de hacer más con menos. La mayoría de los ahorradores no utiliza el apalancamiento financiero, y tú no debes hacerlo mientras no tengas la formación financiera necesaria para aplicarlo. Pero permíteme seguir explicando. 

Analicemos el siguiente consejo desde el punto de vista de un ahorrador y luego con la visión de un inversionista (o bien, desde la perspectiva de una persona de los cuadrantes E y A, y luego desde la visión de una persona de los cuadrantes D e I). Trabaja duro Comencemos por el consejo “trabaja duro”. 

Cuando las personas escuchan las palabras “trabaja duro”, la mayoría piensa en su propio trabajo duro. Si sólo tú trabajas duro, hay muy poco apalancamiento. Cuando Donald y yo pensamos en trabajo duro, aunque trabajamos duro en lo individual, pensamos principalmente en que otras personas trabajen duro para nosotros y nos ayuden a ser ricos. Eso es apalancamiento. 

También se le conoce como “el tiempo de los demás”. Como ya vimos, las personas del cuadrante D gozan de más refugios fiscales que las de los cuadrantes E y A porque generan empleos. En otras palabras, el gobierno quiere que generemos empleos, no que busquemos uno. Nuestra economía se derrumbaría si todos buscáramos empleo; para que crezca necesitamos personas que generen empleos. Ahorra Aunque traté el tema del ahorro en el capítulo anterior, hay otros aspectos que vale la pena mencionar. 

El problema con el ahorro es que el sistema económico actual necesita deudores para su crecimiento, no ahorradores. Permíteme explicarlo con el diagrama de la página siguiente, presentado originalmente en el libro Padre rico, padre pobre. Analízalo por unos momentos. Tus ahorros son pasivos para el banco, aunque esos mismos ahorros son un activo para ti. Por otra parte, tu deuda es un activo para el banco pero un pasivo para ti. Para crecer, nuestro sistema económico necesita prestatarios inteligentes, personas que pidan prestado y se enriquezcan, no que pidan prestado y empobrezcan. 

Aquí también se observa la regla 90/10: 10 por ciento de los prestatarios utilizan la deuda para enriquecerse, y 90 por ciento se empobrece con ella. Donald Trump y yo utilizamos la deuda para enriquecernos. Nuestros banqueros nos adoran. Ellos quieren que pidamos todo el dinero posible porque los prestatarios los enriquecen. Esto se conoce como “el dinero de los demás”. Donald y yo recomendamos una mayor educación financiera porque queremos que seas más hábil al manejar la deuda. Si hubiera más deudores, la economía del país crecería; si hubiera más ahorradores, se contraería. Si puedes entender que la deuda puede ser buena, y aprendes a utilizarla cuidadosamente como apalancamiento, tendrás ventaja sobre la mayoría de los ahorradores. 

Salda tus deudas Casi todos los ahorradores creen que la deuda es mala y que lo mejor es liquidar la hipoteca de su casa. Para la mayoría de los personas, la deuda es mala y saldarlas es bueno. No obstante, si estás dispuesto a invertir un poco de tiempo en tu educación financiera, puedes avanzar más rápido utilizando la deuda como apalancamiento. 

Una vez más, te sugiero invertir primero en tu educación financiera antes de hacerlo con la deuda. Existe deuda mala y deuda buena. El propósito de aumentar nuestros conocimientos financieros es saber cuándo utilizarla y cuándo no. A Donald y a mí nos encantan los bienes raíces porque a nuestros banqueros les fascina prestarnos para comprar bienes raíces bien administrados. Por supuesto, hay bienes raíces buenos y bienes raíces malos. 

A los ahorradores que invierten en fondos de inversión se les dificulta utilizar el apalancamiento, pues casi ningún banquero hace préstamos sobre fondos de inversión. ¿Por qué? Ellos piensan que son demasiado riesgosos, y consideran que los bienes raíces son una inversión más segura. Así como mi padre pobre tuvo un revés financiero a principios de la década de los setenta del siglo XX, porque era ahorrador, millones de personas padecen la misma situación por la misma causa. En este entorno económico, los ahorradores son perdedores y los deudores ganadores. Siempre debes ser cuidadoso al utilizar la deuda. Invierte para el largo plazo Este consejo tiene muchos significados. 

1. Considéralo un argumento de venta: “Dame a guardar tu dinero durante años y yo te cobraré honorarios durante todo ese tiempo”. Lo llamo argumento de venta porque “invierte para el largo plazo” es similar a lo que ofrecen las aerolíneas con sus programas de viajero frecuente. Lo que quieren es que seas un cliente fiel y que les pagues de por vida. 

2. También significa que pueden cobrarte honorarios en el largo plazo. Esto es como pagar a un corredor de bienes raíces una comisión por venderte tu casa y luego pagarle una comisión residual durante todo el tiempo que la ocupes. 

3. El desempeño de los fondos de inversión no es tan efectivo como en otras inversiones debido a que hay que pagar honorarios por el manejo del fondo. Aunque no me molesta pagar honorarios, no me gusta pagarlos por un desempeño inferior. Muchas personas invierten en fondos de inversión para el largo plazo. Sin embargo, éstos no ofrecen apalancamiento. 

Como dije antes, mi banquero no me prestaría millones de dólares para invertir en fondos de inversión simplemente porque son demasiado riesgosos. También implican una falta de control (tema que trataremos más adelante). Una de las diferencias entre los fondos de inversión y los fondos de cobertura es el apalancamiento. Los fondos de cobertura suelen utilizar dinero prestado. ¿Por qué? Porque si eres un inversionista inteligente puedes incrementar tus rendimientos sobre la inversión; mientras más dinero propio utilices, menores serán tus rendimientos. 

Hay un lugar y un momento para los fondos de inversión. Yo invierto en ellos ocasionalmente, pero a mi manera de ver, son como la comida rápida: son buenos esporádicamente, pero no para convertirse en hábito. Diversifica, diversifica, diversifica Warren Buffett, considerado el inversionista más rico del mundo, afirma lo siguiente a propósito de este tema: “La diversificación es una defensa contra la ignorancia. No tiene sentido si sabes lo que haces”. 

La pregunta es: ¿de qué ignorancia te estás defendiendo, de la tuya o de la de tu asesor financiero? La palabra diversificar también tiene múltiples significados. En general, significa no colocar todos tus huevos en una canasta, que es lo que hace Warren Buffett. Una vez lo oí decir: “Mantén todos tus huevos en una canasta, pero vigílala bien”. 

Yo no diversifico, al menos no de la manera que recomiendan los asesores financieros. No compro mucha variedad de activos; prefiero concentrarme. De hecho, cuando tengo éxito es cuando me concentro, no cuando diversifico. Una de las mejores definiciones que he escuchado de “concentración” [focus] es la que utiliza la palabra como acrónimo: Follow One Course Until Successful: sigue una ruta hasta alcanzar el éxito. 

Es lo que yo he hecho. Años atrás invertí en bienes raíces hasta que tuve éxito, y actualmente sigo haciéndolo. Cuando quise aprender sobre bonos, invertí en ellos hasta tener éxito. Una vez que lo tuve, decidí que no me gustaban y dejé de invertir en ellos. He conducido exitosamente a dos compañías desde la etapa de arranque hasta la de oferta pública primaria. 

Gané millones y tuve éxito, pero decidí que no quería pasar ese proceso de nuevo. Actualmente, sigo prefiriendo los bienes raíces. Para mí, diversificar es tomar una actitud de defensa; encuentro muy poco apalancamiento ofensivo en ella. Las personas consideran la diversificación una buena estrategia simplemente porque protege a los inversionistas de sí mismos y de asesores incompetentes y sin escrúpulos. 

El consejo tradicional de los asesores financieros —trabajar duro, saldar deudas, invertir para el largo plazo y diversificar—, es bueno para el inversionista promedio, el inversionista pasivo que simplemente paga una cantidad mensual para que otro se haga cargo del asunto. También es un buen consejo para los ricos que no están interesados en ser inversionistas. Muchas estrellas de cine, profesionistas acaudalados, deportistas profesionales y niños con cuantiosas herencias entran en este grupo. La clave es encontrar un buen asesor financiero. Sin embargo, debes saber que este camino ofrece muy poco apalancamiento, que es la clave de las grandes riquezas. 

El apalancamiento es la clave Desde la época de las cavernas el hombre ha buscado el apalancamiento. Dos de las primeras formas de apalancamiento fueron el fuego y la lanza, que permitían al hombre apalancarse sobre un entorno hostil. Cuando un niño tenía la edad suficiente, sus padres le enseñaban a encender fuego y a utilizar la lanza para protegerse y conseguir alimento. Años después, la lanza se hizo más pequeña y se desarrollaron el arco y la flecha, formas más elevadas de apalancamiento. Como vimos, apalancamiento es la capacidad de hacer más con menos. El arco y la flecha son un ejemplo de hacer más con menos, en relación con la lanza. Con el tiempo, el hombre siguió desarrollando nuevas formas de apalancamiento. Aprender a montar fue una muy poderosa. 

El caballo no sólo se utilizó para transporte y para arar la tierra sino como un poderoso instrumento de guerra. Cuando se desarrolló la pólvora, los gobernantes que tenían cañones conquistaron a los que no. Los indios norteamericanos, los hawaianos, los maoríes de Nueva Zelanda y los aborígenes australianos, entre muchos otros, fueron conquistados mediante la pólvora. Hace apenas 100 años, los automóviles y los aviones remplazaron al caballo, y ambas formas de apalancamiento también se usaron en tiempos de paz y guerra. 

Actualmente, los países que controlan las reservas de petróleo tienen apalancamiento sobre la mayor parte del mundo. La radio, la televisión, la computadora en que estoy escribiendo e internet son formas de apalancamiento. Cada nuevo avance se traduce en riqueza y poder para quienes tienen el acceso y los conocimientos para utilizar estas herramientas. Si quieres ser rico y no ser víctima de los cambios globales, es importante que desarrolles la palanca más importante de todas: tu mente. Si quieres ser rico y conservar tu riqueza, tu mente —tu educación financiera— es la palanca fundamental. 

Donald y yo fuimos afortunados por tener padres ricos que nos introdujeron al mundo del dinero, pero eso fue todo lo que hicieron. Nosotros hicimos nuestra parte: estudiar, aprender, practicar, corregir y crecer. Igual que los padres de las cavernas enseñaban a sus hijos a prender fuego y a utilizar la lanza, nuestros padres nos enseñaron a usar el dinero y nuestra mente para enriquecernos. Tal vez alguno de ustedes piense: “Yo no tengo un padre rico. No nací entre ricos. No tengo una buena educación”. Esta manera de pensar puede ser la razón por la que tus posibilidades de adquirir una gran riqueza y, sobre todo, conservarla, son escasas. Lo son porque utilizas tu activo más importante, la mente, en tu contra. 

Estás utilizándola para idear excusas y no para ganar dinero. Recuerda: tu mente es la palanca más importante. Y todas las palancas pueden obrar en dos direcciones: para bien o para mal. Así como la deuda puede enriquecerte, también puede hacerte pobre. Yo no tuve una buena educación ni nací en una familia rica.

Lo que sí tuve fue un padre rico que me enseñó a usar la mente para ganar dinero, no para idear excusas. Mi padre rico odiaba las excusas; solía decir: “Hay excusas al por mayor. Por eso quienes no logran el éxito tienen muchas excusas”. También decía: “Si no puedes controlar tu mente, no puedes controlar tu vida”. Cuando veo a una persona desdichada, enferma y pobre, sé que ha perdido el control de su mente, la herramienta más valiosa que Dios nos dio. 

Aunque actualmente Donald y yo tenemos dinero, ambos hemos sufrido pérdidas financieras. Si hubiéramos utilizado nuestra mente para culpar a otros o idear excusas, ambos seríamos pobres hoy. Volviendo a la diferencia entre ahorradores e inversionistas, hay un concepto que los distingue: el apalancamiento. Podemos definir apalancamiento como la capacidad de hacer más con menos. ROBERT T. KIYOSAKI Todos nacemos ricos Nuestro mensaje para ti es el que recibimos de nuestros padres ricos: “Todos nacemos ricos. Todos recibimos la palanca más poderosa del mundo: nuestra mente. Úsala para ganar dinero y no para idear excusas.” En resumen La diferencia entre el hombre de las cavernas y el mono es el apalancamiento. 

La diferencia entre las clases rica, media y baja es el apalancamiento. La diferencia entre los ahorradores y los inversionistas es el apalancamiento. La diferencia entre los cuadrantes E y A y los cuadrantes D e I es el apalancamiento. Un inversionista bien entrenado y disciplinado puede obtener rendimientos mucho mayores con menos riesgos y dinero, siempre y cuando utilice el apalancamiento, y el apalancamiento requiere que aprendas y que uses tu mente con sensatez. La opinión de Donald ¿Cuál es la diferencia entre un ahorrador y un inversionista? Hace años, un amigo judío me dio esta respuesta: “Moisés invierte, Jesús ahorra”.[***] No sé si esta contestación nos sea útil ahora, pero podemos reflexionar sobre ella en muchos niveles. Considero que los inversionistas son ahorradores activos. Invertir es una manera de ganar dinero, y quizá no ganes de la noche a la mañana, pero con el ahorro es seguro que no ganarás pronto. 

Los rendimientos son mucho mayores cuando inviertes que cuando ahorras. A muchas personas les asusta el riesgo o la cantidad de tiempo necesaria para aprender a invertir. Robert hizo un buen trabajo explicando los distintos enfoques con que puede manejarse el dinero. Padre rico, padre pobre no es un éxito por casualidad: lo es porque en él explica claramente estas cosas. Un inversionista entra y sale del banco a zancadas; un ahorrador entra a zancadas y sale a pequeños pasitos. Siempre he tenido esta imagen sobre la diferencia entre invertir y ahorrar. El poder del dinero del ahorrador se reduce. 

En cierto sentido, los inversionistas son visionarios: pueden ver el futuro. Si son perspicaces en ese aspecto, sus pasos para entrar y salir del banco no resultan tan atemorizantes, pues se basan en la confianza de que el riesgo será bueno para todos. Ellos pueden ver que todos acabarán ganando. Pocas veces siento la necesidad de convencer a otro de que mis ideas son buenas pues, para empezar, no hablaría con él si supiera que necesito convencerlo. 

Simplemente le comunico que mi propuesta beneficiará a todos, y no entro en detalles si esto no ha quedado claro. Desde siempre he podido ver los resultados con tanta claridad que todos mis pensamientos y actos están dominados por un sentimiento de “trato cerrado.” El dinero es como el talento: no sirve de nada si te lo guardas. Hay que desarrollarlo, nutrirlo y usarlo adecuadamente. 

Requiere tiempo, trabajo y paciencia. Hay muchas personas talentosas que nunca saldrán a la luz porque no desarrollaron sus dones. También es como una idea que no se pone en práctica porque su creador no le presta la atención requerida. Invertir exige responsabilidad, una responsabilidad constante; ahorrar no. Invertir no es para todos, pero es como cualquier actividad: una vez que la pruebas y ves los resultados, puede resultar emocionante. 

Puedo imaginar algunos comentarios: “Invertir… ¿emocionante?” Cuando escucho esta reacción, sé que esa persona no lo ha intentado. Muchos de ustedes ya me conocen y saben que me gustan las aventuras, pero no busco emociones fuertes cuando se trata de dinero. Es mejor que tú tampoco lo hagas. No obstante, evitar lo que pudiera cambiar radicalmente tu vida para bien, no es una buena elección. Ya hemos hablado sobre el temor y sobre la manera de reducirlo. 

Ésa es una de las diferencias entre los ahorradores y los inversionistas: los ahorradores viven en el reino del temor; los inversionistas lo han vencido y recogen los frutos. Concéntrate en los temores que te detienen y supéralos. Cuando comenzaba mi carrera y me mudé a Manhattan, el mercado de bienes raíces se había enfriado tanto que por primera vez se habló de que la ciudad estaba en bancarrota. Este miedo produjo más miedo y los ciudadanos empezaron a perder la confianza en la ciudad. 

No era un entorno favorable para un promotor inmobiliario en ciernes. No obstante, me pareció que el problema era una gran oportunidad, pues para mí, Manhattan era el centro del mundo y yo iba a ser parte de ese mundo, con o sin crisis financiera (que sabía pasajera). Así, ese temor en particular no hizo sino impulsar mi ambición y valentía. Fue entonces cuando empecé a pensar en una enorme propiedad a lo largo de la orilla del río Hudson, 100 acres de terreno sin construir. Una crisis financiera no interfirió con mis sueños, y yo no guardé mis ideas para tiempos mejores. Estaba decidido a ser un promotor inmobiliario sin importar el entorno. En resumen, invertí tiempo y realicé mis ideas a pesar de la situación. No archivé mis planes ni esperé a que las condiciones fueran perfectas. Los ahorradores esperan mucho tiempo y eso los hace perder oportunidades. 

Tal vez no tengas el dinero en el momento, y tal vez las condiciones no sean ideales, pero eso no significa que tu mente no pueda trabajar en tus ideas y allanar el camino para un futuro mejor. Las cosas rara vez son perfectas, pero con una mentalidad de inversionista activo estarás preparado para cuando surjan las oportunidades. Prueba invertir con la mentalidad más abierta de que seas capaz: busca las oportunidades en cualquier situación. Eso es apalancamiento. Los inversionistas son visionarios: pueden ver el futuro. DONALD J. TRUMP T

u opinión Piensa en las maneras en que el apalancamiento beneficia tu vida actual: El tiempo de otras personas usado en tu beneficio. El dinero de otras personas usado en tu beneficio. ¿Cómo puedes incrementar el uso del apalancamiento en tu vida? ¿Cómo usan otras personas el apalancamiento en sus vidas? ¿Puedes verte haciendo lo que ellos hacen? Más adelante encontrarás otros ejemplos de apalancamiento, mismos que pueden ayudarte a responder esta pregunta.


Elige tu batalla y el campo para librarla

La opinión de Robert 

Aprendí en la escuela militar la importancia de elegir la batalla y el campo, y reforcé ese conocimiento en el Cuerpo de Marina. Por ejemplo, las tropas que dominaban un terreno alto, como una colina, tenían ventaja sobre las del bando opuesto que estaban abajo. 

Las tropas del terreno bajo tenían la posibilidad de elegir entre luchar y no luchar. Tal vez de ahí provengan los dichos: “Más vale huir hoy y vivir para luchar mañana”, y “Elige cuidadosamente tus batallas”. Las mismas ideas pueden aplicarse en los negocios. En El cuadrante del flujo del dinero (Aguilar, 2004), segundo libro de la serie Padre Rico, explico por qué algunas personas se enriquecen más fácilmente que otras. El cuadrante del flujo del dinero es el más importante de mis libros si deseas hacer cambios en tu vida. Si no es así, tal vez sea el peor libro para ti. Analicemos de nuevo el cuadrante del flujo del dinero. 

Como dijimos antes: E significa empleado A significa autoempleado D significa dueño de negocio I significa inversionista Estas palabras son más que simples títulos. Las personas que se ubican en cada cuadrante son muy distintas entre sí. En lo referente a la actitud, las del cuadrante E buscan la seguridad. Dicen: “Busco un empleo seguro con prestaciones”. 

Un autoempleado del cuadrante A puede decir: “Si quieres que se haga bien, hazlo tú mismo”. Las personas del cuadrante D suelen buscar presidentes, gerentes generales u otras personas de talento para que administren sus operaciones. Una de las diferencias cruciales entre los dueños de negocios del cuadrante A y los dueños de negocios del cuadrante D es el número de empleados. La revista Forbes definió a la “gran empresa” como la que tiene más de 500 empleados. La I significa inversionista. 

Como se mencionó en la introducción a la Parte dos, hay tres clases de inversionistas. Las leyes fiscales también son distintas para cada cuadrante. El peor en relación con los impuestos es el E, pues no hay muchas opciones para protegerse de los impuestos, por ello no se necesita la asesoría de un contador. Los cuadrantes con los mejores refugios fiscales son el D y el I. ¿Por qué? Los gobiernos suelen ofrecer refugios fiscales al cuadrante D porque crea empleos, y al cuadrante I porque regresa el dinero a la economía mediante inversiones. Quienes invierten en bienes raíces y petróleo también reciben refugios fiscales especiales, pues cualquier país necesita vivienda y energía. ¿En qué cuadrante puedes ganar? Como se mencionó al inicio de este capítulo, es importante que elijas cuidadosamente tu batalla y el campo para librarla. 

En lo que se refiere a hacerse rico, esto equivale a elegir el mejor cuadrante para ti. El cuadrante del flujo de dinero es importante porque puede ayudarte a elegir el cuadrante donde tienes mayores posibilidades de ganar. Como podrás imaginar, Donald Trump y yo elegimos los cuadrantes D e I para operar. Hace años, cuando estaba en la secundaria y tenía problemas en inglés, mi padre rico me hizo notar que tal vez nunca tendría éxito en la escuela o en el mundo corporativo: “Eres demasiado rebelde para acatar órdenes de personas a las que no respetas. 

Probablemente tengas más éxito en los negocios, como empresario e inversionista”. Aunque no me agradaron sus palabras, me ayudó saber dónde no encajaba. También comprendí que debía estudiar materias, desarrollar habilidades y adquirir experiencias que la mayoría de mis compañeros no necesitaban. Si te interesa conocer más sobre mis experiencias en los cuadrantes D e I, te sugiero leer Guía para invertir (Aguilar, 2004) y Antes de renunciar a tu empleo (Aguilar, 2007). Tal vez estés pensando: “Pero yo no quiero ser empresario”. 

O quizá tu corazón se agite al pensar que deberás tomar riesgos y dejar de recibir un salario regular. No te preocupes, este libro es más sobre cómo ganar que sobre cómo ser un empresario o inversionista profesional. Aunque hay tres clases de inversionistas, y nosotros preferimos la que invierte para ganar, cualquiera de las tres puede enriquecerse. Ocurre lo mismo con los cuadrantes: hay personas que se han enriquecido en todos ellos. Por ejemplo, el fundador de General Electric fue Thomas Edison, quien estaba en el cuadrante D. Jack Welch, ex director de General Electric, estaba en el cuadrante E. 

Ambos se hicieron muy ricos en la misma empresa, aunque desde distintos cuadrantes. Menciono el cuadrante del flujo de dinero para que identifiques en cuál categoría tienes mayores oportunidades de ganar. Aunque es cierto que las leyes fiscales favorecen a los cuadrantes D e I, eso no es tan importante como que identifiques en cuál es más probable que ganes. Nuestros sistemas escolares están diseñados para preparar a las personas para los cuadrantes E y A. Es por eso que muchas dicen: “Ve a la escuela y obtén un buen empleo”. 

Eso es programar para el cuadrante E. Otros dicen: “Ve a la escuela y aprende un oficio o profesión. Así tendrás un respaldo”. Esta mentalidad es perfecta para el cuadrante A. (Si quieres aprender más sobre los cuadrantes D e I, también están los libros escritos por Donald Trump. Mis favoritos son The Art of the Deal, The Art of the Comeback y How to Get Rich, que resumen su pensamiento como empresario e inversionista.) Donald y yo ganamos más que la mayoría de maestros y de autores simplemente porque la mayoría de los maestros actúa con base en los valores del cuadrante E, mientras los autores escriben con base en los valores del cuadrante A. Un gran número de autores financieros escribe sobre cómo gastar lo menos posible y sobre cómo ahorrar. 

Donald y yo escribimos sobre cómo una persona puede aumentar sus ganancias, disfrutar la vida e invertir su dinero. Además, la diferencia entre los consejos puede identificarse con base en los cuadrantes y en los valores que cada uno representa. Toma un momento para reflexionar acerca de cuál cuadrante es el mejor para ti. Tal vez sea conveniente que cierres los ojos y permanezcas en silencio hasta escuchar tu respuesta. Este procedimiento es importante porque es crucial que seas fiel a ti mismo y a tu respuesta. 

Donald fue afortunado porque su padre fue para él un modelo de conducta de los cuadrantes D e I. Mi padre estaba en el cuadrante E. La decisión de dedicarme a los negocios se oponía a todos los valores de mi padre pobre, quien creía en la seguridad laboral y en los subsidios del gobierno. Era como si me hubiera unido al enemigo, como si fuera un traidor. Mi padre creía sinceramente que los ricos eran avaros y que explotaban a los pobres, y algunos efectivamente lo hacen. No obstante, yo no compartía sus valores. 

Yo quería ser empresario e inversionista. Aunque amaba y respetaba a mi padre con todo mi corazón, no compartíamos los mismos valores a propósito de las profesiones y el dinero. Cuando volví de Vietnam en 1973, tuve que decidir en cuál cuadrante iba a concentrar mis esfuerzos. Mi padre pobre quería que permaneciera en el Cuerpo de Marina, por la seguridad laboral. Al decirle que iba a renunciar, me aconsejó conseguir un empleo como piloto en las líneas aéreas. Cuando le dije que ya no quería volar, me aconsejó volver a la escuela, obtener una maestría y un doctorado, conseguir un trabajo en el gobierno. 

Como él no entendía el cuadrante del flujo de dinero, no comprendía que lo que yo rechazaba no era el empleo sino el cuadrante o, mejor dicho, los valores de ese cuadrante. Cuando mi padre verdadero, mi padre pobre, descubrió que prefería los valores profesionales y financieros de mi padre rico, los cuadrantes D e I, la brecha entre nosotros creció y nuestras relaciones se tensaron. Mi padre pobre valoraba la seguridad, y mi padre rico la libertad. Y, como muchos de ustedes saben, seguridad y libertad no son lo mismo. 

De hecho, son valores opuestos. Por eso las personas con mayor seguridad son las que tienen menor libertad. Y quienes tienen seguridad máxima, están encerrados en una cárcel de máxima seguridad. Así, al preguntarme por qué es tan importante el dinero para mí, respondo: “Porque con el dinero compro mi libertad. Con el dinero compro más opciones en la vida”. Por ejemplo, cuando viajo no me gusta hacer fila mucho tiempo en los aeropuertos. Gracias al dinero puedo elegir entre hacer fila o rentar un jet privado. 

Actualmente, viajo más en jets privados que en vuelos comerciales. Donald, por supuesto, tiene un jet privado, lo que confirma mi argumento. Una noche, al salir de Dallas, el pequeño jet que yo había rentado pasó junto al jet privado de Donald. Ver que mi jet casi podía pasar bajo el suyo fue una experiencia que me hizo poner los pies sobre la tierra. Por lo anterior te sugiero sentarte tranquilamente para identificar el mejor cuadrante para ti. Pregúntate: ¿Cuáles son mis valores? ¿Necesito seguridad laboral? ¿Me siento satisfecho con la seguridad? ¿Pongo en práctica mis conocimientos en este cuadrante? ¿O valoro más la libertad? Asimismo, pregúntate cuáles son los valores de tus padres y tus amigos. Hay algo de cierto en el refrán: “Dios los crea y ellos se juntan”. 

La lección es: si decides ser rico, elige cuidadosamente tu batalla y tu campo o, mejor dicho, tus valores y cuadrantes. Un gran número de autores financieros escribe sobre cómo gastar lo menos posible y sobre cómo ahorrar. Donald y yo escribimos sobre cómo una persona puede aumentar sus ganancias, disfrutar la vida e invertir su dinero. ROBERT T. KIYOSAKI La opinión de Donald Cómo elegir tu batalla y el campo El cuadrante del flujo de dinero, diseñado por Robert, es una herramienta eficaz, y es una de las razones por las que elegí su libro El cuadrante del flujo del dinero para mi lista de libros recomendados en Amazon. Si dedicas un poco de tiempo a reflexionar sobre sus palabras, ahorrarás mucho tiempo a largo plazo. Es importante que te conozcas y que conozcas tus preferencias antes de ponerte en marcha en cualquier camino, nuevo o viejo. Sé que algunas personas pierden el interés cuando ven una gráfica o fórmula, pues saben que para comprenderlos hace falta tiempo y esfuerzo. 

No obstante, ese desinterés puede convertirse en gusto e incluso en emoción cuando se dan cuenta de cuánto pueden aumentar su flujo de efectivo e ingresos. La elección es tuya. Cuando me inicié en los bienes raíces, bien pude permanecer en el negocio de mi padre y alcanzar el éxito, pero no me habría sentido satisfecho. Yo tenía mis propios planes y debía emprender un camino solitario para realizarlos. De no hacerlo, habría tenido una vida cómoda pero no emocionante: no viviría mi propia vida. Así como Robert tuvo que reconocer que los objetivos de su padre y los suyos eran distintos, todos debemos realizar un trabajo de introspección para descubrir quiénes estamos destinados a ser. 

Imagina que has vivido tu vida y al final descubres que equivocaste el camino. He visto algunos ejemplos de eso y creo que es la mejor manera de eclipsarte. Si la vida que vives no es tuya, ¿de quién es? Si no reflexionas acerca de ella, ¿quién lo hará? Estás aquí, así que, ¡préstale toda tu atención! Para mí, las batallas y campos tienen que ver con los campos de acción. Todos podemos elegir hasta cierto punto —espero— en qué campo de acción nos desempeñamos y en cuál querríamos desempeñarnos. 

Es cuestión de tener metas y visión para alcanzar el éxito y realizarnos. No es fácil cambiar de círculo social, pero en ocasiones es lo mejor. Podemos estar muy influidos por las personas que nos rodean, y no es sencillo romper el molde o hacer algo inesperado. Puede que pases momentos de soledad antes de adquirir el impulso necesario para expandir tu propio círculo. Al final, esa decisión puede llevarte a un campo lleno de situaciones y personas que disfrutes. 

Es como escribir tu guión, de manera que al final disfrutes verlo y además participar en él. Todos podemos ejercer la libertad de elegir. Cuando veo a las personas disfrutar vidas que yo no disfrutaría, hago una analogía con el menú de un restaurante: hay platillos para todos. Y si no, siempre hay otro restaurante al cual acudir. Es también una buena manera para evitar ser sentencioso: a cada quien lo suyo. Volviendo a la idea del guión, una vez escuché a alguien decir que todos tenemos la obligación de escribir nuestra propia película, y que esa película es nuestra vida. 

Imagínate escribiendo las escenas. ¿Qué clase de escenas te gustaría ver? No creo que nadie elija un trabajo rutinario, aburrimiento o pobreza. No sólo sería desagradable escribirlo; sería aburrido y deprimente verlo. Concédete la libertad de ser quien en verdad te gustaría ser. Observa que en el párrafo anterior escribí “concédete”, pues a menudo, la única persona que puede darte una oportunidad eres tú mismo. Hay muchas personas que quisieran mantener un estatus, y ese estatus te incluye a ti. Pero tienes la capacidad de cambiarlo. 

En primer lugar, estás dándote el tiempo para leer este libro, así que ya sabes que puedes superar la mediocridad o lo que sea que te detenga. Nadie debería estar dispuesto a sumarse al mínimo común denominador, que en muchos casos no es más que el camino fácil. Las personas con vidas extraordinarias han logrado salir de lo ordinario. La vida y los negocios pueden ser conflictivos. 

Pueden ser auténticas batallas, pero asegúrate de combatir en la batalla buena y aléjate de batallas y campos de batalla triviales lo antes posible. No gastes tu energía en vano. Recuerda: escribe tu propio guión. Luego prodúcelo y vive tal como quieres. Eso es libertad, eso es poder y eso es ganar. Concédete la libertad de ser quien en verdad te gustaría ser. DONALD J. TRUMP Tu opinión Examina el cuadrante del flujo de dinero y reflexiona en cómo se aplica a tu vida. ¿De qué cuadrante proviene la mayor parte de tus ingresos actuales? Visualízate como la persona exitosa que has soñado ser. ¿En qué cuadrante estarás cuando alcances el pináculo del éxito? Compara las dos respuestas anteriores. ¿Ya estás en el cuadrante correcto? Si es así, ¡perfecciona tus habilidades y sigue adelante! Si no, diseña un plan para cambiarte al cuadrante en que te ves como una persona muy exitosa. ¡Sólo tú puedes encontrar el camino correcto para ti! No es necesario cambiar de un día para otro, ¡pero sí debes iniciar el proceso! Tomando en cuenta tu plan, ¿cuáles son los pasos necesarios para lograr ese cambio?


Invertir para ganar

La opinión de Robert
Donald y yo compartimos las mismas preocupaciones y ambos queremos que seas
rico. Así pues, ¿cuáles son las soluciones?

Un día, durante una breve reunión en su oficina, Donald dijo: “Yo invierto para ganar,
¿tú no?” A partir de esa afirmación quedó clara la diferencia: él y yo invertimos para
ganar, mientras que otras personas invierten para no perder.

Ya hemos hablado sobre el consejo que advierte: “Ahorra, salda tus deudas, invierte
para el largo plazo (en fondos de inversión) y diversifica”. Ese día por la tarde, Donald y yo comentamos que ninguno nos habíamos concentrado en el ahorro. De hecho,ambos tenemos deudas por millones de dólares, pero deuda buena. No diversificamos,al menos no en el sentido en que normalmente se utiliza el término. Y aunque definitivamente invertimos para el largo plazo, no lo hacemos en fondos de inversión, o por lo menos no es nuestro vehículo principal. ¿Por qué? Porque invertimos para ganar.

Donald y yo hablamos también sobre las diferencias entre nuestros respectivos libros y sobre por qué eran más populares que los de otros autores financieros. Una vez más, la diferencia saltó a la vista:
—La mayoría de los autores financieros sugieren a sus lectores gastar lo menos
posible —dije—. Un autor recomienda no gastar en ese capuchino diario e invertir ese dinero en fondos de inversión, para que algún día en el futuro seas rico. Tú y yo no gastamos lo menos posible. Nos gusta ser ricos. Incrementamos nuestras ganancias.

Cuando escribimos o enseñamos, exhortamos a los demás a ser ricos y a disfrutar la
buena vida.
Luego de una pausa, Donald sonrió y dijo:
—Tienes razón. No conozco a nadie que le guste gastar lo menos posible, al menos
entre mis amigos. Mis conocidos quieren disfrutar la vida, como tú y yo. Jugamos para ganar y lo hacemos. Tú ganas y disfrutas la vida. Por eso vendemos más libros y atraemos más público en nuestras conferencias: las personas gustan de los ganadores.
—Casi todos los expertos financieros aconsejan a las personas buscar la seguridad,
gastar lo menos posible. Les dicen que invertir es riesgoso y que deben ahorrar para no perder. Estos expertos no se concentran en ganar, se concentran en no perder 
—agregué.
—Hay una gran diferencia —dijo Donald.

Todo lo que hice fue asentir con la cabeza. Desde hace años, desde que publiqué
Padre rico, padre pobre, muchas personas, entre ellas periodistas, han dicho que mis
propuestas son demasiado riesgosas. No obstante, a mi manera de ver, lo que hace la mayoría de las personas es mucho más riesgoso. En un mundo con cada vez menos seguridad laboral, me parece absurdo aspirar a ella. En un mundo con un mercado bursátil jaloneado por violentos vaivenes —que hacen perder billones de dólares a los inversionistas incautos— me parece absurdo apoyar en él nuestra seguridad financiera.

Y con nuestros sistemas educativos que enseñan a los estudiantes poco o nada sobre el dinero, me parece riesgoso contar simplemente con una buena educación.
Todo esto me hizo reflexionar acerca de mi vida, sobre los momentos cruciales en que decidí que jugaría el juego del dinero para ganar y no para no perder.
—Nosotros no invertimos donde invierte la mayoría —dijo Donald—. Para ti y para mí
ganar dinero es un juego: nos divertimos, disfrutamos el juego. A veces perdemos, pero casi siempre ganamos. Nos divertimos.
—Es divertido —dije—. Me encanta ese juego.
—Pero la mayoría no considera que ganar dinero sea un juego. Creen que es cuestión de vida o muerte, de ganadores o perdedores.
—O cuestión de supervivencia —dije—, como si lucharan por su vida. Por eso les
aterra perder dinero. Por eso invertir les parece riesgoso.
—Y terminan realizando inversiones riesgosas —agregó Donald dando una palmadita sobre su escritorio—. Es una tragedia financiera.
—¿Que pierdan su dinero? —pregunté.
—No, que se pierdan de la diversión. Ganar dinero es divertido. La vida debe ser
divertida, y millones de personas viven temerosas en vez de divertirse. Esa es la
tragedia.
—Por eso buscan la seguridad, realizan inversiones “seguras”, se aferran a la seguridad laboral y gastan lo menos posible —agregué—. Por si esto fuera poco, millones están sumamente endeudados con deuda mala, pues quieren divertirse pero no han aprendido a invertir para ganar. Quieren disfrutar la buena vida pero padecen el exceso de deuda mala.

—Y eso no es divertido —dijo Donald—. A ti y a mí nos encanta jugar. Hemos diseñado juegos didácticos. Los juegos son divertidos. Si te diviertes, aprendes más y deseas ganar aunque a veces pierdas. Nunca he visto un juego que se llame Ahorra o Gasta lo menos posible. ¿Tú sí? Tal vez existan, pero no creo que sean tan populares como los nuestros. Nosotros jugamos agresivamente, jugamos para ganar. Nos divertimos.

Para eso es la vida.
La reunión había terminado, teníamos mucho en qué pensar. Mientras subía al elevador y oprimía el botón del lobby de la Torre Trump, mi mente corría a toda velocidad. ¿Por qué la mayoría de los inversionistas buscan la seguridad o invierten para no perder, y por qué otros invierten para ganar? Cuando las puertas del elevador se abrieron, me surgió una pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre una persona que juega para ganar y un tahúr? ¿Qué hay del riesgo? Cuando llegué a la acera de la Quinta Avenida y llamé a un taxi, comprendí que esas preguntas eran las que debían contestarse en este libro. Comprendí que la razón por la que la mayoría invierte para no perder es que cree que invertir es riesgoso o es un juego de azar. 

Muchos creen también que si no obtienen altos rendimientos deben arriesgar más. Nada podría estar más lejos de la verdad. La regla 90/10 del dinero Sentado en el taxi recordé la regla 90/10 del dinero que mi padre rico me enseñó hace años. Todos hemos oído hablar de la regla 80/20, pero la regla 90/10 se aplica más específicamente al dinero. Enunciada de manera simple, en el juego del dinero, 10 por ciento de los jugadores gana 90 por ciento del dinero. Por ejemplo, en el golf, 10 por ciento de los jugadores profesionales gana 90 por ciento del dinero, y 90 por ciento de los jugadores se reparten el restante 10 por ciento.

A lo largo de mi vida he confiado en la regla 90/10 (aunque no conozco ningún estudio científico que haya intentado probarla). Todos hemos escuchado que 10 por ciento de los estadounidenses son dueños de 90 por ciento de la riqueza. En lo que se refiere a inversionistas en bienes raíces, podemos decir sin temor a equivocarnos que 10 por ciento poseen o controlan 90 por ciento de la riqueza, y la mayor parte de ésta pertenece al uno por ciento dentro de ese 10 por ciento.


Una de las maneras en que la regla 90/10 me ha servido, es al elegir mis proyectos.
Por ejemplo, una de las razones por las cuales no he adoptado el golf como profesión es que simplemente no creo poder formar parte del 10 por ciento superior. No sólo no creo tener el talento, no tengo el deseo de hacerlo. Si me escucharas cantar sabrías por qué no elegí el canto como carrera. Cuando decidí escribir Padre rico, padre pobre y diseñar mi juego de mesa CASHFLOW, no sólo estaba seguro de que ambos tendrían éxito, también deseaba que lo tuvieran, aunque nunca había sido un buen escritor ni había diseñado juegos de mesa. Quería tener éxito, quería enseñar y quería ganar.

Creo que la razón por la que Donald Trump y yo nos unimos es que mi libro Padre rico, padre pobre y mi juego CASHFLOW son ganadores internacionales. No escribimos este libro porque yo sea un ganador internacional en bienes raíces como él, aunque poseo millones de dólares en propiedades y negocios en todo el mundo. En los negocios y en bienes raíces he ganado, soy un ganador, soy un profesional, pero no estoy en ese 10 por ciento superior como él. Como autor sí estoy en el 10 por ciento superior; de hecho, Padre rico, padre pobre es uno de los tres libros con mayor permanencia en la lista de bestsellers de The New York Times. Nada mal para
alguien que reprobó inglés dos veces en secundaria.

Comprendí que la razón por la que la mayoría invierte para no perder es que cree que
invertir es riesgoso o es un juego de azar. Muchos creen también que si no obtienen altos rendimientos deben arriesgar más. Nada podría estar más lejos de la verdad.

ROBERT T. KIYOSAKI
Donald Trump juega para ganar


En Phoenix, Arizona, lugar donde vivo, Donald vino y despertó una controversia. Él y su equipo querían construir un edificio de muchos pisos en Camelback Road, entre las calles 24 y 32. Es uno de los emplazamientos más exclusivos de Phoenix. Los emplazamientos entre las calles 24 y 32 son como Boardwalk y Park Place en el Monopolio. 

Donald quería construir el edificio más alto de Camelback Road, pero había restricciones para la altura de la construcción. El debate se prolongó por años. En la ciudad, la pregunta era: “¿Debe permitírsele a Donald Trump construir el edificio más alto en el mejor emplazamiento?” Mi esposa y yo queríamos que Donald ganara. ¿Por qué? Porque tenemos propiedades residenciales y comerciales en, cerca, o entre las calles 24 y 32. Si Donald Trump  ganaba, nosotros también.

En el otoño de 2005, los habitantes del área votaron y decidieron no permitir al señor
Trump construir el edificio más alto. Después de anunciar el resultado, los residentes
se mostraron dispuestos a permitirle construir un edificio de muchos pisos, pero no tan alto como deseaba. Ante esto, el señor Trump simplemente dijo no. Durante una de nuestras reuniones en Nueva York a propósito del libro, le pregunté sobre la votación de Phoenix. Él pareció no inmutarse, y sólo dijo: “Si no puedo construir el mejor edificio y el más alto, no me interesa construir”. 

Entonces me mostró un edificio espectacular que estaba construyendo en Dubai. Señalando con orgullo aquel diseño futurista, dijo: “¿Para qué molestarme con Phoenix cuando estoy ocupado trabajando en esto?”

Mientras recorría en taxi la Quinta Avenida hacia mi hotel, tuve una idea más clara acerca de este libro. Este libro iba a ser sobre cómo vivir la vida para disfrutarla, sobre cómo jugar el juego de la vida para ganar, no para evitar pérdidas. 

En vez de enseñar a vivir gastando lo menos posible, sin poder disfrutar un capuchino, este libro enseñaría a vivir una vida que rebasara los sueños más descabellados de cada uno.

Cuando el taxi se acercaba a mi hotel, recordé una pregunta que me había formulado
un reportero a principios de año:
—¿Ya definió sus objetivos para este año?
—No —contesté.
—¿Por qué no? Usted habla en sus libros de la importancia de establecer objetivos.
—Sí —contesté—, definir objetivos es importante. El problema es que en esta etapa de mi vida no sé qué más puedo pedir. Tengo dinero más que suficiente y un matrimonio maravilloso, me encanta mi trabajo, tengo salud y soy más exitoso de lo que jamás soñé. Estoy viviendo una vida que rebasa mis sueños más descabellados. He escrito bestsellers, salí en Oprah, estoy escribiendo un libro con Donald Trump y amo a las personas con quienes trabajo. No sé qué más puedo pedir.

—¿Y qué va a hacer al respecto? —preguntó el reportero.
—Supongo que necesito soñar sueños más descabellados.
El taxi se detuvo frente a mi hotel. Mientras pagaba al chofer, supe que este libro trataría sobre cómo vivir una vida que rebase los sueños más descabellados de cada persona… pero sólo será para quienes se atrevan a tener una vida así.

La opinión de Donald
Ganadores

Conozco desde hace mucho tiempo la proporción 90/10, pero Robert nos ofrece un buen recordatorio. Si no ponemos atención, esa proporción podría convertirse pronto en 95/05 o incluso en 99/01, en la que uno por ciento de la población controlaría 99 por ciento de los activos del país. Los ganadores no permitirán que eso ocurra.

Es importante soñar. Robert Browning dijo: “El alcance de un hombre debe superar la extensión de su brazo.” Es lo que nos mantiene en marcha. A mí me gusta decir: “Si tu realidad empieza con tus sueños, tus sueños se convertirán en realidad.” ¿Por qué? Porque pensar de otra manera nos deja en el nivel de la supervivencia, y éste no es el objetivo de la mayoría. ¿Alguna vez has escuchado que algún joven espera convertirse en pordiosero? Normalmente dicen cosas como: “Quiero ser presidente”; “Me gustaría ser astronauta”; “Me gustaría ser bombero” o “Quiero ser doctor”. 

Estas profesiones son difíciles y en ocasiones heroicas, y los jóvenes tienen los sueños y aspiraciones necesarias para alcanzarlos. Los ganadores son siempre jóvenes de corazón: tienen aspiraciones elevadas, entusiasmo y planes. Tal vez sus sueños sean descabellados, pero eso es mejor que no tener sueños. Entonces prestan atención y se concentran en lo que les permitirá hacerlos realidad.

Ser obstinado es una característica importante del ganador. Algunos fracasan porque se rinden demasiado pronto. Si estás leyendo este libro, quizá no estés entre ellas. Mi padre contaba una historia sobre un tipo a quien le gustaban los refrescos y quiso hacer negocio con un producto llamado 3UP, que fracasó. Entonces, intentó con un refresco llamado 4UP, que también fracasó. No se dio por vencido y decidió llamar a su producto 5UP; trabajó mucho para lograr el éxito pero volvió a fracasar. Se dio cuenta de que aún le gustaban los refrescos, así es que volvió a intentarlo con un producto llamado 6UP. Fracasó y se dio por vencido definitivamente.

Años después, otra persona puso en el mercado un refresco llamado 7UP, que tuvo un gran éxito. Cuando yo era joven no entendía por qué mi padre contaba esta historia una y otra vez. Nos la contó muchas veces. Más tarde comprendí su mensaje: nunca se den por vencidos. Pues bien, nunca olvidé esa historia y nunca me he dado por vencido. Su enseñanza cumplió su propósito. Recuerda esta historia si lo necesitas, y la parte ganadora de ti asumirá el control.

La otra característica importante del triunfador es tener una actitud ganadora. Yo aconsejo a las personas que se asuman exitosas; el pensamiento positivo funciona, tiene mucho poder. Ganar requiere esa clase de poder, ya seas sociable o reservado.

El poder es fortaleza, y ser positivo puede ayudarte a superar situaciones difíciles. En cierta ocasión en que estaba sumamente endeudado, me obstiné en no permitir que eso me desanimara. Simplemente me rehusé a tomar una actitud negativa. Me concentré en la solución y me dije que superaría esa situación y, al final, sería más exitoso. Eso es justo lo que ocurrió. En publicaciones importantes se dijo que estaba acabado, y aun entonces me negué a aceptarlo. Mi realidad estaba definida por mis sueños, no por números. Gané.

¿Eres lo bastante obstinado para ser un ganador? ¡Entonces eres capaz de invertir para ganar! No es territorio extranjero y no necesitas visa o pasaporte para unirte a las filas de los inversionistas exitosos. He escuchado a muchas personas decir: “Soy de lo más obstinado”, ¡y luego actúan como si no tuvieran audacia ni el derecho de aprender más sobre cómo invertir! Como señala Robert, se perderán al mismo tiempo la diversión y un mejor futuro financiero, una desgracia innecesaria.

La ignorancia puede resultar más costosa que la educación, y eso incluye a la educación financiera. No permitas que el temor a lo desconocido apague tus
aspiraciones y tu bienestar financiero. Hay personas que desean que te sientas inepto para aprovecharse de ti. Yo lo he visto con deportistas muy exitosos, por ejemplo. No permitas que te suceda. Aprende sobre el dinero y hazlo trabajar para ti. Ésa es la clave de las inversiones exitosas.
Ser obstinado es una característica importante del ganador.
DONALD J. TRUMP


Por qué queremos que seas rico

La opinión de Robert

Cuando Charles Wilson, entonces presidente de General Motors, fue nombrado secretario de la Defensa en 1953, le preguntaron si tomaría decisiones que afectaran negativamente a GM. Él respondió que era posible, pero que no podía imaginar una situación en la que eso ocurriera, “pues durante años pensé que lo que era bueno para el país era bueno para General Motors, y viceversa”. Desde entonces se ha citado al antiguo presidente de GM diciendo: “Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”, aunque su mensaje era indudablemente más complejo. Lo que él quiso decir es que ambos gigantes — GM y Estados Unidos— estaban entrelazados. 

Esto sigue siendo así en nuestros días, aunque en distinta forma. General Motors está en problemas, igual que Estados Unidos. Los problemas de GM se deben a que sus autos no son tan buenos como deberían, a que la compañía ha tenido problemas de gestión desde hace años, y a que, como Estados Unidos, ha vivido de sus éxitos del pasado, posponiendo sus problemas en lugar de resolverlos. Un ejemplo de cuán desafortunada ha sido la gestión de GM se menciona en Buffettology. Según Mary Buffett: El mismo fenómeno puede encontrarse en los registros de contabilidad de General Motors: entre principios de 1985 y finales de 1994, sus ingresos fueron de aproximadamente 17.92 dólares por acción, y sus egresos por dividendos de aproximadamente 20.62 dólares por acción. 

Durante el mismo periodo, la compañía gastó aproximadamente 102.34 en mejoras de capital. La pregunta que debe cruzar sus mentes es: si las ganancias de General Motors durante este periodo sumaron un total de 17.92 dólares, y sus egresos por dividendos 20.62 dólares, ¿de dónde salen los 2.68 restantes en egresos por dividendos y los 102.34 para mejora de capital? Este pequeño ejemplo sobre GM no toma en cuenta su reducción de participación en el mercado, el número de empleados que no están trabajando pero reciben sueldo, ni unos planes de pensiones y de atención médica con fondos insuficientes. 

En otras palabras, al igual que Estados Unidos, el mayor fabricante de autos del mundo está al borde de la bancarrota. Lo que es bueno para GM es bueno para Estados Unidos, pero, ¿podemos pagar el precio? No hace falta una maestría en administración de empresas para entender las cifras de GM; con sexto de primaria bastará. Pregúntate lo siguiente: ¿cómo puede una compañía que gana 17.92 dólares por acción, pagar dividendos de 20.62 dólares y seguir activa? Cualquier niño te dirá que si sólo tienes 17.92 dólares, no te alcanza para pagar 20.62. La siguiente pregunta es: ¿cómo puede una compañía gastar 102.34 dólares por acción cuando sólo gana 17.92? Una vez más, cualquier niño de doce años te dirá que gastar 102.34 cuando sólo tienes 17.92 es administrar mal el dinero. Simplemente no tiene sentido. Pero aunque no tiene sentido, millones de personas invierten en GM, apuestan su jubilación al futuro de GM, y hacen caso a corredores de bolsa y asesores financieros que les sugieren invertir en compañías de primer nivel como GM. ¿Cómo pueden ser tan ingenuas? Mi respuesta: falta de educación financiera. Warren Buffett tenía otra respuesta a esa pregunta. Una cita: Me ha beneficiado que a decenas de miles (de estudiantes) que salen de las escuelas de negocios se les haya enseñado que pensar no sirve de nada. 

Esta cita explica por qué una compañía como GM, para la cual trabajan miles de personas inteligentes, pueda tomar decisiones financieras tan absurdas. El señor Buffett también dijo: Si se requirieran cálculos, yo tendría que volver a repartir periódicos. Nunca he tenido necesidad de usar el álgebra. Creo que lo que quiere decir es que hacerse rico es cuestión de sentido común, y que basta con matemáticas elementales. 

Aquí surge una pregunta obvia: ¿por qué personas instruidas son persuadidas de invertir en una compañía que utiliza una matemática difusa en vez de matemática lógica? Otra cita del señor Buffett resulta oportuna: Wall Street es el único lugar al que las personas acuden en Rolls Royce buscando el consejo de personas que viajan en metro. ¿Oportunidad? Hace poco, Warren Buffett volvió a ser noticia. Luego de ver una entrevista con Rich Wagoner acerca de GM, y para mostrar su apoyo, envió a su hija a comprarle un Cadillac nuevo. 

Esto generó algunas preguntas y numerosas especulaciones. Los bloggers estuvieron muy activos, con comentarios como los siguientes. 
•  La compra del Cadillac significa que Warren Buffett cambió de opinión a propósito de GM. Debe ser momento de comprar acciones de GM. 
•  Con las acciones de GM tan bajas, él simplemente está buscando un Cadillac a buen precio. 
•  Aunque GM está en problemas, Warren Buffett es partidario de “comprar lo hecho en Estados Unidos”. 
•  Warren Buffett ha estado haciendo comentarios sobre la precaria situación financiera de GM, y está al pendiente de ver cómo bajan sus acciones para comprarla a un precio conveniente. 

¿Cuál crees que sea cierto? Posiblemente todos, posiblemente ninguno. Quizá lo mejor es que hagas tu propio análisis de la situación financiera de GM, sin importarte por qué Warren Buffett compró un Cadillac. Los ricos son cada vez más ricos Donald Trump y yo estamos muy preocupados por el futuro de este país. Sabemos que algo está mal, así como sucede con GM, aparte de sus autos. 

Tememos que este país y su riqueza hayan sido extremadamente mal administrados, tal como GM está mal administrado. Aunque la especulación beneficia a los ricos, haciéndolos más ricos, las clases media y baja pagan el precio. Si has visitado recientemente Detroit sabrás que el lugar parece una funeraria. Las ciudades y los negocios están muriendo. 

Al morir los negocios, los precios de los bienes raíces caen y las familias padecen en muchos aspectos, no sólo en el financiero. ¿Lo que es bueno para GM es bueno para Estados Unidos? ¿Es Detroit un ejemplo del futuro de este país? Más acerca de la mentalidad de merecimiento Donald y yo coincidimos en que Estados Unidos se ha vuelto autocomplaciente. 

Esto no significa que sus habitantes no trabajen duro; lo que queremos decir es que las personas esperan que el gobierno resuelva sus problemas, que se haga cargo de su futuro. Nuestro país tiene demasiada confianza en políticos y burócratas. El gobierno no puede resolver muchos de nuestros problemas actuales, sencillamente porque resolverlos está más allá de la capacidad de cualquier gobierno. 

Ésta es una realidad global. La población ha desarrollado la mentalidad de merecimiento y espera alguna especie de subsidio gubernamental. Esto incluye a los ricos. Muchas empresas grandes reciben subsidio del gobierno. Muchas granjas y ranchos no sobrevivirían sin un subsidio del gobierno. 

En lo que se refiere a prestaciones para el retiro, el presidente del país y miembros de las cámaras de diputados y senadores esperan dinero del gobierno. Así pues, cuando hablo de la mentalidad de merecimiento, no sólo me refiero a los pobres. De hecho, la mayor parte del dinero del gobierno va a los ricos y no a los pobres. Hace poco, el senador Randall Cunningham, ex piloto de la marina de Estados Unidos, piloto de combate “as” en Vietnam e instructor en la escuela de armas para combate de la marina estadounidense, fue hallado culpable y condenado a prisión por aceptar sobornos. 

Aunque él se declaró culpable y fue condenado, seguirá recibiendo del Congreso sus cheques por jubilación, además de los que recibe por el mismo concepto de la marina. Así, incluso un criminal sigue siendo merecedor del subsidio gubernamental. Nuestros sistemas de seguridad social y Medicare están en problemas, pero millones de personas siguen contando con ese derecho. 

Cuando el presidente Bush intentó reformar la seguridad social mediante su privatización, la enérgica reacción negativa que obtuvo le mostró que este país ama intensamente sus cheques de subsidio. La tormenta perfecta Los problemas financieros que enfrentamos rebasan la capacidad del gobierno estadounidense para resolverlos. Por ejemplo, nuestros desafíos económicos no pueden resolverse sólo mediante el alza o la baja de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal; no obstante, el mundo alaba la sabiduría de la Reserva. 

Cada vez que el ex presidente de este organismo, Alan Greenspan, y el presidente actual, Ben Bernanke, hablan, el mundo escucha. Sin embargo, los problemas no se han resuelto y han alcanzado escala global, rebasando nuestras fronteras y el control de nuestros líderes políticos. Consideremos algunos de los problemas y la manera en que se relacionan: 
1. Un creciente déficit comercial. Se calcula que el déficit comercial de Estados Unidos para 2006 será de 423 mil millones de dólares. Esto significa que el país consume 423 mil millones más de los que produce. En una escala menor, esto sería equivalente a que una familia que gana 5000 dólares al mes, gastara 6000 en el mismo lapso. Tú y yo sabemos que esta familia sólo estaría agravando sus problemas. Esto nos lleva al siguiente problema: 

2. Una creciente deuda pública. Según el Ministerio de Hacienda, 42 presidentes, desde Washington (1789) hasta Clinton (2000), pidieron prestado a gobiernos extranjeros e instituciones financieras un total de 1.01 billones de dólares. Entre 2000 y 2005, la Casa Blanca de Bush pidió prestado 1.05 billones, más que todas las administraciones anteriores juntas. Volviendo a las familias que ganan 5000 dólares al mes, muchas de ellas trataron de resolver sus problemas pidiendo préstamos sobre el valor neto de la vivienda. Seguramente has visto en televisión los comerciales que dicen cuán inteligente es liquidar las deudas de tus tarjetas de crédito con un préstamo de este tipo. Éste es un ejemplo pequeño de cómo puede agravarse el problema. 

El presidente y el gobierno actuales están resolviéndolo de la misma manera, hipotecando nuestro futuro. Este problema nos conduce al siguiente.


3. La caída del dólar. Como ya se mencionó, en 1971 el dólar dejó de ser dinero y se convirtió en medio de cambio. En 1971, el presidente Nixon intentó resolver un problema: gran cantidad de nuestro oro estaba saliendo del país. ¿Por qué? La respuesta la encontraremos si volvemos al problema uno: un creciente déficit comercial. Debido a que comprábamos demasiados bienes japoneses y europeos, la diferencia entre lo que les vendíamos y lo que les comprábamos se concentraba en el oro, pues entonces nuestro dólar estaba respaldado por oro. 

Para resolver ese problema, el presidente Nixon simplemente convirtió nuestro dólar en un pasivo, un pagaré. Actualmente, nuestro déficit comercial es más grande que nunca, y nuestro pagaré al mundo es descomunal. En vez de respaldar nuestro dólar con oro, Estados Unidos puede simplemente seguir imprimiendo más dinero (igual que un individuo puede usar tarjetas de crédito y dar cheques sin tener dinero en el banco, con la diferencia de que tú y yo podemos ser arrestados y encarcelados por dar cheques sin fondos). 

Aunque la impresión discriminada de dinero falso se pensó como una solución temporal para el problema de 1971, no resolvió el asunto del sobreconsumo. Como resultado, el cambio de 1971 causó más problemas, problemas muy grandes que estamos empezando a pagar hoy. Entre 1996 y 2006, en sólo diez años, el dólar estadounidense ha perdido la mitad de su valor en comparación con el oro. En 1996, el oro se vendía aproximadamente a 150 dólares la onza. Para 2006, sólo diez años después, el oro se vendía a más de 600 dólares la onza. Por ejemplo, si en 1996 hubieras guardado mil dólares en el banco, actualmente (2006) ese dinero valdría menos de 500 dólares en oro. 

En contraste, si hubieras comprado cuatro onzas de oro por mil dólares, actualmente ese oro valdría 2400 dólares. Este cambio de 1971 dio como resultado que los ahorradores se convirtieran en perdedores. Quienes creían que su dinero estaba seguro en el banco, perdieron, simplemente porque no guardaron dinero real sino un medio de cambio, un pagaré de nuestro gobierno. Para quienes viven de ingresos fijos, la vida es más cara: el dinero no alcanza. El gobierno dice que el problema es la inflación; lo que no dice es que el problema real es la devaluación. 

El valor del dólar cae simplemente porque nuestro gobierno está imprimiendo más dinero para resolver sus problemas. Es posible que en 2020 una pieza de pan cueste 12 dólares, pero los cheques de pensión seguirán valiendo lo mismo. Este problema nos lleva al siguiente. 

4. Baby boomers sin dinero. Hemos señalado que en los próximos años empezarán a jubilarse los 75 millones de baby boomers. En muchos casos, sus fondos son insuficientes para el retiro. Esta falta de ahorros se debe en parte a una ley conocida como Ley Gresham, la cual dice que el dinero malo desplaza al bueno. Esto ha ocurrido a lo largo de la historia, y se remonta a la época del Imperio Romano. En 1964, Estados Unidos remplazó las monedas de plata auténtica por monedas de plata falsa. 

Al instante, las monedas de plata auténtica desaparecieron. Creo que las personas no ahorran porque, consciente o inconscientemente, saben que el dinero que reciben no es real, así que lo gastan lo más rápido que pueden. Somos un país de deudores simplemente porque muchas personas saben que su dinero vale cada vez menos. ¿Para qué ahorrar? Después de todo, los ahorradores son perdedores. La mayoría de los clasemedieros estadounidenses tienen más dinero en sus cuentas de préstamo, vivienda y retiro que en el banco. Los estadounidenses tienen una de las tasas de ahorro más bajas del mundo. Viven más con menos dinero y menos oportunidades. Este problema nos lleva al siguiente. 

5. Mentalidad de merecimiento. Millones de personas carecen de recursos financieros y esperan que el gobierno se haga cargo de ellos y resuelva sus problemas. Si el gobierno no se ocupa de ellos, ¿quién lo hará? Con los precios al alza, ¿quién tiene los recursos para hacerlo? El problema no puede posponerse por más tiempo. Con las deudas de diez billones de dólares de Medicare, y de 62 billones de dólares de seguridad social, parece que la única solución es hacer lo mismo de siempre: gastar más de lo que ganamos, pedir prestado más de lo que podemos pagar, e imprimir más dinero. Es un círculo vicioso provocado por la incapacidad de resolver el problema, una situación causada por la falta de educación financiera. Este problema nos lleva al siguiente. 

6. Precios más altos del petróleo. Los elevados precios del petróleo no son consecuencia de la falta de educación financiera sino de la avaricia y la falta de visión financiera. Aunque tenemos tecnología y fuentes energéticas para remplazar al petróleo, no lo hemos hecho. El país y el mundo padecerán financieramente por esta avaricia y falta de visión. Los elevados precios del petróleo provocan un efecto dominó en el problema anterior. Estados Unidos pudo pedir prestado cuanto quiso porque su economía estaba en crecimiento. Mientras crecía, los demás países y los prestamistas estaban dispuestos a prestarle lo que deseaba. El problema con los elevados precios de la energía es que provocan la contracción de la economía. Si la economía se contrae, quienes nos han prestado pueden mostrarse reacios a prestarnos más. Si esto ocurre, los problemas no pueden resolverse a través de mayores promesas y más deuda. El castillo de naipes puede derrumbarse. 

7. Refugios fiscales para los ricos. Todos conocemos la regla de oro, pero no me refiero a la que habla sobre lo que no debemos hacer a los demás, sino a la que dice: “Quien tiene el oro hace las reglas”. Es una tragedia que en Estados Unidos las clases media y baja hayan perdido representación en el gobierno. Actualmente, los ricos hacen las reglas, y por eso son cada vez más ricos. El 11 de mayo de 2006, ABC News presentó un reportaje sobre las más recientes reducciones a los impuestos: El Tax Policy Center de Washington descubrió que 0.1 por ciento de los contribuyentes —quienes ganan más de 1.8 millones de dólares— recibirían en devolución 82 mil dólares. Los estadounidenses de ingreso medio —con ganancias entre 27 mil y 47 mil dólares— recibirían veinte dólares. Los problemas financieros que enfrentamos rebasan la capacidad del gobierno estadounidense para resolverlos. […] Sin embargo, los problemas no se han resuelto y han alcanzado escala global, rebasando nuestras fronteras y el control de nuestros líderes políticos. ROBERT T. KIYOSAKI Economía vudú o “efecto goteo” Hay una teoría monetaria que fomenta las leyes que favorecen a los ricos: si los ricos tuvieran más dinero, lo invertirían y crearían más empleos. 

El dinero “gotearía” hasta las clases media y baja. Esta teoría recibe los nombres de “efecto goteo” o “economía vudú”. Aunque en teoría suena bien, y aunque una parte del dinero efectivamente gotea, el resultado neto es que el dinero queda en manos de los ricos. En muchas ocasiones, el precio de los activos aumenta porque los ricos tienen más dinero. ¿Por qué sube el precio de los activos? Porque es lo que compran los ricos: activos, y ésa es una de las razones por las que son ricos. Cuando los precios de los activos aumentan, los activos (cosas de valor real y duradero) se vuelven más caros y quedan fuera del alcance de las clases media y baja. Sólo mira el precio de los bienes raíces y pregunta a cualquiera que no haya comprado una casa si le parece sencillo comprar hoy la casa de sus sueños. Es difícil comprar una casa sólo con el dinero que gotea. 

En resumen Donald Trump y yo nos unimos porque creemos que este país está siguiendo el rumbo equivocado y el tiempo se acaba. En vez de mejorar, las cosas empeoran simplemente porque no resolvemos nuestros problemas financieros, estamos posponiéndolos para que la generación que sigue se haga cargo. En su libro The America We Deserve, Donald Trump dice lo que haría si fuera presidente de Estados Unidos. Sus ideas me parecieron audaces e imaginativas. Creo que sería un magnífico presidente, y si algún día se postulara, yo haría campaña en favor de él. Mis aspiraciones son más modestas. 

Mi padre fue candidato a la vicegubernatura del Estado de Hawai y fue derrotado. En esa experiencia perdí la fe en el proceso político. Mi propósito es simplemente ser inteligente en lo financiero, ser personalmente responsable por mi vida, y no convertirme en víctima de la mala administración de nuestro gobierno. Mi padre creía que podía cambiar al gobierno. Después de su amarga derrota decidí que lo mejor era cambiar uno mismo. 

En vez de intentar cambiar las leyes —para que, por ejemplo, las leyes fiscales fueran más justas— decidí volverme rico y utilizar dichas leyes en mi beneficio. Si en lugar de vencer a los ricos prefieres unírteles, sigue leyendo, este libro es para ti. Si prefieres cambiar al gobierno, tal vez éste no sea el libro para ti. Donald y yo creemos que la mejor manera de cambiar las reglas es ganar primero el oro. Si tienes el oro tienes más poder. Si tienes el poder, tienes más oportunidades de hacer cumplir la regla de oro, aquella que dice: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. 

La opinión de Donald Primero debes saber qué ocurre y partir de ahí. Primero aprendes y luego actúas. Lo peor que puedes hacer es aprender siguiendo el camino difícil, actuando antes de saber. El aprendizaje es en sí mismo una inversión. Robert y yo tratamos de explicártelo de una manera accesible. Las reglas no siempre son agradables, pero a menos que estés en posición de cambiarlas, más vale que las conozcas. Por ejemplo, muchas personas han venido a presentarme proyectos de urbanización supuestamente maravillosos, construcciones que opacarán a todas las demás. ¡Entonces descubro que no saben nada — nada— acerca de legislación zonal! 

Es como decir que vas a construir el barco que opacará a todos los demás pero que no sabes nada de astilleros. ¿Cómo puedes zarpar si no sabes construir un barco? Episodios como éste —y créeme, son más de los que imaginas— realmente me hacen reflexionar en torno al modo de pensar de algunas personas; se supone que la educación debe ayudarnos a pensar pero el pensamiento parece estar ausente en mucha gente, incluso en las que tienen educación. Robert y yo compartimos una “mentalidad insular”, y es la siguiente: hazte cargo de tu isla. Después del 11 de septiembre, los habitantes de Nueva York establecimos un vínculo que pocos podremos olvidar. 

De un momento a otro, Manhattan dejó de ser simplemente la ciudad grande y famosa en que vivíamos y se convirtió en “nuestra” isla, y en la isla adoptiva de muchos que nunca habían estado aquí. El ataque del 11 de septiembre no la destruyó; de hecho, la hizo mejor y más fuerte. En ese sentido, me complace decir que el 11 de septiembre fue un fracaso para los terroristas. Todos conocemos el viejo refrán: “Ningún hombre es una isla”. Hay muchas maneras de interpretarlo, pero a mí me gusta entenderlo así: “Todos estamos juntos en esto”. Eso se manifestó después del 11 de septiembre y espero que conservemos algo de ese espíritu. 

Necesitamos estar unidos para enfrentar las fuerzas económicas de la actualidad y del futuro. Es un asunto serio, pero eso no significa que no podamos divertirnos entre tanto. Tengo que decirlo, Robert piensa en grande, piensa que su isla es: ¡el mundo! En lo que se refiere a la venta de sus libros, probablemente tiene razón. Y su decisión de dar educación financiera a las personas ha adquirido dimensión global. Y qué bueno: es un problema global, pero las soluciones pueden empezar contigo y nosotros. Robert y yo formamos un buen equipo. 

Por fin encontré a alguien que piensa en grande, como yo. Y no me trago eso de “Donald Trump construye rascacielos y yo tengo un dúplex”, o cualquiera de esas tonterías. Es muy brillante, tremendamente exitoso y, sin lugar a dudas, un pensador global. ¿Qué te motiva? Pero concentrémonos en algo más importante: ¿qué es lo más importante para ti, tu familia, su bienestar, su futuro y el tuyo? Entonces estás leyendo el libro adecuado. 

Hay cosas muy importantes para Robert y para mí, y estamos dispuestos a hacer todo lo necesario por ellas. Por lo tanto, creemos que tenemos algo en común con ustedes. Imagina que tu familia y su bienestar está en riesgo. ¿Qué harías? Prepararte y equiparte para lo que pueda ocurrir. No quiero ser un alarmista financiero, pero debo decirte que las perspectivas no son muy buenas. Nuestra seguridad financiera es poco firme. 

El hecho de que puedas comprar en Saks ahora o por la noche vía internet no significa que todo esté bien y que no haya de qué preocuparse. No caigas en ese estado de complacencia; no seas miope. Robert señaló algunos problemas reales que enfrentamos actualmente: 

1. Un creciente déficit comercial. 
2. Una creciente deuda pública. 
3. La caída del dólar. 
4. Los baby boomers sin dinero. 
5. Mentalidad de merecimiento. 
6. Precios más altos del petróleo. 
7. Refugios fiscales para los ricos. 

Cualquiera de ellos supondría la ruina financiera para cualquier país. Es más importante que nunca que te eduques y eduques a tu familia para que se protejan financieramente en el futuro. La educación da visión, y la visión da la capacidad de identificar problemas económicos y convertirlos en oportunidades económicas. Sin embargo, debes ser cuidadoso con la clase de educación que recibes. Cierta vez escuché a alguien decir: “Antes de la publicidad yo veía el mundo”. Las cosas eran más claras para esta persona antes de permitir que la publicidad, los medios de comunicación y los políticos lo avasallaran. 

Admitía que su visión se nubló cuando los expertos mundanos aparecieron para aclararle las cosas. Los medios de comunicación son una herramienta poderosa, para bien y para mal. El punto fundamental es que debes aprender a pensar por ti mismo. Robert y yo no vamos a pensar por ti, pero debido a que hemos pensado mucho y hemos tenido éxito, creemos que nuestras palabras pueden disipar la niebla del horizonte e incluso aplacar el ataque mediático al que todos estamos sujetos. ¿Cuáles son tus instintos naturales? Robert nació en Hawai, por lo que seguramente es un excelente nadador. Más le vale serlo, considerando que fue surfista. Jamás imaginé escribir un libro con un surfista hawaiano. Recuerdo una frase de su libro Rich Dad’s Prophecy: “No se puede aprender a nadar de un libro”. 

Y otra más adelante: “No se puede aprender de negocios en un libro o en la escuela de negocios”. En otras palabras, nada se compara con la experiencia de primera mano. Es un asunto serio, pero eso no significa que no podamos divertirnos entre tanto. DONALD J. TRUMP IQ financiero Tanto Robert como yo hemos utilizado la expresión “IQ financiero” en nuestros libros. Hace poco, Kim, la esposa de Robert, publicó su primer libro, Mujer millonaria (Aguilar, 2007). Me dio a leer el manuscrito y me pareció tan bien hecho que escribí una nota para la tapa del libro. 

Su objetivo es que las mujeres aumenten su IQ financiero y no dependan de un hombre que se haga cargo de ellas. Recomiendo su libro tanto para hombres como para mujeres. Todos tenemos nuestra definición de IQ financiero, pero es una expresión viva y, por lo tanto, siempre cambiante. Para mí, es la capacidad de trazar una carta de navegación para las aguas de la economía, nacionales e internacionales, de ver más allá del presente y de tomar decisiones con base en esa información y en esas evaluaciones. 

No es una empresa fácil y exige disciplina diaria, pero es una disciplina necesaria para tener éxito en el mundo actual. Tal vez tengo ventaja porque soy de esas personas que no requieren mucho sueño, tal vez tres o cuatro horas por noche. ¿Qué hago con esas horas extra? Leo. Me mantengo al tanto de los acontecimientos del mundo y leo sobre historia. Imagínalo: 28 horas adicionales de lectura a la semana pueden representar muchas lecturas. Haz cuentas. Sé que a Robert le gusta la lectura grupal, que las personas se reúnan para estudiar un libro. Es una buena idea, pero como yo acostumbro leer de madrugada, no creo ser codiciado por ningún grupo. La importancia de la historia Quisiera destacar la importancia de estudiar historia. El conocimiento es poder. 

Podemos aprender de la historia, de las civilizaciones e imperios que han definido la historia del mundo hasta ahora. Hay cosas muy grandes que han desaparecido en el curso de la historia. ¿Recuerdas al Imperio Otomano? ¿Sabes durante cuánto tiempo gobernó? ¿Sabes por qué y cómo fue su decadencia? Tal vez debas investigarlo. Podría resultar pertinente para comprender e incidir en los acontecimientos mundiales. 

En otras palabras, las cosas que no sabes podrían afectarte en el futuro. ¿A quién culparás si te toman por sorpresa? Robert y yo somos aficionados a la historia, y una de las razones por las que nos llevamos bien es que ambos la utilizamos como guía. Es mejor aprender de la historia que repetir los errores. Como dice el refrán: “Quienes no aprenden de la historia están condenados a repetirla”. Si el día de hoy se convirtiera repentinamente en un recuerdo, ¿qué te gustaría recordar de él? Vienen a la memoria dos citas, una de Ralph Waldo Emerson y otra de Albert Einstein: 

Lo que está detrás y lo que está delante de nosotros son poca cosa comparado con lo que tenemos dentro. —Emerson La mente que se abre a una idea nueva jamás vuelve a su tamaño original. —Einstein La cita de Emerson me ayuda a no ser autocomplaciente, pues me recuerda que hay mucho más que debo aprender y lograr, y la cita de Einstein me ayuda a pensar en grande. 

Podría dar explicaciones más eruditas, pero estos pensamientos son tan claros que sería redundante intentar desarrollarlos. También creo que mientras más simple, mejor. Simple no quiere decir fácil. Destilar algo hasta su esencia puede tomar tiempo y mucha reflexión. Ésa es una buena razón para leer a los grandes pensadores y escritores: en muchos casos ya han llevado a cabo el proceso de destilación. He aquí tu tarea: reflexiona acerca de tus raíces y de por qué estás haciendo lo que sea que haces hoy. 

Es una buena forma de empezar a pensar por ti mismo, y lo más seguro es que nadie más que tú encuentre las respuestas correctas. Robert y yo te hemos dicho por qué queremos que seas rico, pero lo que nosotros queramos no es relevante. Lo que importa es lo que tú quieras para ti y tu familia. ¿Quieres ser rico?